Mis terrores favoritos (II): filmes para pasárselo de miedo (o no).

La pesadilla (1782) de Johann Heinrich Füssli



La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1957) de Terence Fisher.


 
Drácula (Horror of Dracula, 1958) de Terence Fisher.



La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960) de Roger Corman.



El fotógrafo del pánico (Peeping Tom, 1960) de Michael Powell.



La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1960) de Mario Bava.


 
Las novias de Drácula (The Brides of Dracula, 1960) de Terence Fisher.



Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1960) de Georges Franju.



Psicosis (Psycho, 1960) de Alfred Hitchcock.



La maldición del hombre lobo (The Curse of the Werewolf, 1961) de Terence Fisher.



Suspense (The Innocents, 1961) de Jack Clayton.



Las tres caras del miedo (I Tre volti della paura, 1963) de Mario Bava y Salvatore Billiteri.



La Gorgona (The Gorgon, 1964) de Terence Fisher.



La máscara de la muerte roja (The Masque of the Red Death, 1964) de Roger Corman.



Onibaba (ídem, 1964) de Kaneto Shindô.


Repulsión (Repulsion, 1965) de Roman Polanski.



El baile de los vampiros (Dance of the Vampires, 1967) de Roman Polanski.



La hora del lobo (Vargtimmen, 1968) de Ingmar Bergman.



La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968) de George A. Romero.



La semilla del diablo (Rosemary´s Baby, 1968) de Roman Polanski.



El cerebro de Frankenstein (Frankenstein Must Be Destroyed, 1969) de Terence Fisher.



Dr. Jekyll y su hermana Hyde (Dr. Jekyll and Sister Hyde, 1971) de Roy Ward Baker.



La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974) de Tobe Hooper.



El quimérico inquilino (Le locataire, 1976) de Roman Polanski.



Nosferatu, vampiro de la noche (Nosferatu: Phantom der Nacht, 1979) de Werner Herzog.



El resplandor (The Shining, 1980) de Stanley Kubrick.



Drácula de Bram Stoker (Bram Stoker's Dracula, 1992) de Francis Ford Coppola.


Mis terrores favoritos (I): filmes para pasárselo de miedo (o no).



La pesadilla (1781) de Johann Heinrich Füssli




El gabinete del doctor Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, 1920) de Robert Wiene.



Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922) de F. W. Murnau.



El fantasma de la ópera (The Phantom of the Opera, 1925) de Rupert Julian.



Garras humanas (The Unknown, 1927) de Tod Browning. 



El legado tenebroso (The Cat and the Canary, 1927) de Paul Leni. 



El hundimiento de la casa Usher (La chute de la maison Usher, 1928) de Jean Epstein.



El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931) de James Whale. 



Drácula (Dracula, 1931) de Tod Browning. 



El hombre y el monstruo (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1931) de Rouben Mamoulian.



El caserón de las sombras (The Old Dark House, 1932) de James Whale.



La legión de los hombres sin alma (White Zombie, 1932) de Victor Halperin.



El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932) de Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel.



La momia (The Mummy, 1932) de Karl Freund.



La parada de los monstruos (Freaks, 1932) de Tod Browning. 



Vampyr, la bruja vampiro (Vampyr - Der Traum des Allan Grey, 1932) de Carl Theodor Dreyer. 



Horror en el cuarto negro (The Black Room, 1935) de William Roy Neill.



La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, 1935) de James Whale.



 Muñecos infernales (The Devil Doll, 1936) de Tod Browning.



La mujer pantera (Cat People, 1942) de Jacques Tourneur.



Yo anduve con un zombie (I Walked with a Zombie, 1943) de Jacques Tourneur.



El ladrón de cadáveres (The Body Snatcher, 1945) de Robert Wise.



 Los crímenes del museo de cera (House of Wax, 1953) de André De Toth.



La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956) de Don Siegel.



La noche del demonio (Night of the Demon, 1957) de Jacques Tourneur.



 El vampiro (1957) de Fernando Méndez.



Ese oscuro objeto del deseo (Cet obscur objet du désir, 1977) de Luis Buñuel.

Durante un trayecto en tren de Sevilla a Madrid, Mathieu (Fernando Rey), un francés maduro y adinerado, relata a sus compañeros de viaje su tormentosa relación con una joven española llamada Conchita (Carole Bouquet/Ángela Molina).


Luis Buñuel, uno de los mayores genios de la historia del séptimo arte, se despidió del cine con esta infravalorada obra maestra inspirada en la novela de Pierre Louÿs La femme et le pantin (la mujer y el pelele). El texto de Louÿs ha sido llevado a la gran pantalla en varias ocasiones; destacando, además de la presente adaptación, la que Josef von Sternberg filmó en 1935 junto a Marlene Dietrich en El diablo es una mujer (The Devi is a Woman).

Dejando atrás las experimentaciones narrativas que habían caracterizado a sus anteriores filmes franceses, el maestro aragonés nos ofrece un relato de corte más clásico que utiliza el flashback como recurso esencial de la narración.

La incapacidad del hombre de liberarse de las pulsiones sexuales que lo esclavizan y reducen a un estado precivilizado, las relaciones hombre-mujer basadas en la dicotomía atracción/repulsión, la obsesión amorosa y sexual, la futilidad de la existencia burguesa y las diferencias económicas y de clase, son los principales temas buñuelianos que se tratan a lo largo de una película plagada de simbolismo y metáforas visuales. 


El genio de Calanda hace uso de dos actrices que se alternan en diferentes escenas, e incluso dentro una misma, para interpretar a un solo personaje. Su objetivo es plasmar la complejidad y los infinitos matices que componen la personalidad femenina. La Conchita de Carole Bouquet es gélida e inalcanzable; la de Ángela Molina, carnal y vulgarmente cercana; huidizas y manipuladoras ambas. Frente a ellas un soberbio Fernando Rey, actor de porte elegante y señorial como ningún otro, realiza uno de los trabajos más destacados de toda su carrera. El actor gallego casi siempre dio vida a personajes muy similares para Buñuel: maduros de posición social acomodada, que acaban por sucumbir ante los encantos sexuales de alguna hermosa joven. Aquí, en una posición no muy alejada de un masoquismo cómico y patético, se verá expuesto a todo tipo de humillaciones a causa de su obsesión por desflorar (ella le asegura que es virgen) a una mujer despreciable. Especialmente cruel y degradante resulta la escena en la que Mathieu, impotente, observa a través de la verja de la casa que acaba de comprar a Conchita, cómo esta, tras insultarle y burlarse de él, se acuesta con otro hombre.


Uno de los elementos más enigmáticos del filme, dando lugar a diversas interpretaciones, es la continua presencia en el mismo de atentados terroristas. Por todos es conocido que Buñuel, antes de morir, tenía en manos un proyecto que iba a versar sobre el terrorismo (el argumento giraba en torno a una terrorista que, encerrada en su celda, sufría terribles pesadillas), y que probablemente se hubiera convertido en su siguiente película. Parece claro pues, que al director de Los olvidados comenzaba a preocuparle la inseguridad de la sociedad de su tiempo. Todo lo demás son meras elucubraciones.

Ese oscuro objeto del deseo sigue constituyendo una de las obras testamentarias más excepcionales de todos los tiempos. Un brillante compendio del arte de su imprescindible autor.

Los freaks de Tod Browning.


En 1932 se estrenó una película única en la historia del cine: La parada de los monstruos (Freaks). La mayoría de sus protagonistas eran personas con algún tipo de discapacidad física o mental; auténticas “atracciones” de feria. Con un realismo cercano al documental, Tod Browning nos acercó su día a día en el mundo del circo. Catalogada como cinta de terror única y exclusivamente por su escalofriante final, Freaks ha demostrado ser mucho más que eso, elevándose como una de las producciones más originales legadas por el Hollywood clásico.



Señoras y señores, pasen y vean…


Harry y Daisy Earles: hermanos pertenecientes a una familia de enanos que en la película interpretan a Hans y Frieda respectivamente. La relación amorosa entre ambos resulta deliciosamente tierna. Harry ya había trabajado junto a Browning en El trío fantástico (The Unholy Three, 1925), donde daba vida a un ladronzuelo que se hacía pasar por un bebé.



Peter Robinson: conocido en el mundo del circo con el sobrenombre de “el esqueleto humano” por su extremada delgadez. Al parecer, acabó contrayendo matrimonio con una mujer que pesaba más de doscientos kilos. Menuda pareja…



Marta Morris y Francis O´Connor: estas dos chicas tuvieron la desgracia de nacer sin brazos, lo que las obligó a realizar cualquier tipo de tarea con los pies. A pesar de su discapacidad, Francis O´Connor era una gran tejedora. Todo un ejemplo de autosuperación.




Schlitze y las hermanas Jenny Lee y Elvira Snow: los tres sufrían microcefalia y en el filme se les denomina “cabezas de alfiler”.




Prince Randian: conocido como “el torso viviente”, trabajó durante años en el mundo del espectáculo. Que no tuviera brazos ni piernas, no le impidió casarse y tener un hijo. En la película es capaz de sacar una cerilla de una cajetilla y encender un cigarro en un número breve pero inolvidable.



Daisy y Violet Hilton: hermanas siamesas que fueron vendidas por su madre al nacer. Sus tutores las explotaron durante años. Tuvieron bastante éxito con sus números en el mundo del vodevil. Resulta bastante cómico que en la cinta de Browning cada una de ellas tenga un novio con el que se quieren casar.



Johnny Eck: “el medio hombre”. Carecer de tronco y piernas hizo que sus brazos se desarrollaran de tal modo, que podía desplazarse con ellos sin ningún tipo de problema. Tenía un hermano gemelo, sin ninguna discapacidad, con el que representaba el número de magia de la caja aserrada. 



Angelo Rosito: uno de los enanos más conocidos del cine y la televisión. Algunos lo recordarán por su aparición en Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno, en donde estaba a punto de ser comido por una piara de cerdos.



Koo Koo, la chica pájaro: poco se sabe acerca de esta mujer, a la que adornaban con plumas para que pareciera un pájaro. Sufría una afección ósea y era prácticamente ciega.



Elisabeth Green: no tenía ningún defecto físico, simplemente era poco agraciada. La conocían como “la mujer cigüeña” por su peculiar aspecto.



Josephine Joseph: verdadero hermafrodita que se presentaba caracterizado de manera dual (mitad hombre, mitad mujer).



Olga Roderick: “la mujer barbuda” que no puede faltar en ningún circo. Aquí es pareja de “el esqueleto humano”, con el que tiene un hijo. La actriz siempre se arrepintió de haber participado en la película, por considerarla un insulto al espectáculo circense.






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