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Soundtracks: La noche más oscura (2012) de Alexandre Desplat.

Por Antonio Miranda.


Absoluto minimalismo moderno.

Ha transcurrido media hora de metraje y Alexandre Desplat aparece en un par de ocasiones puntuales y breves, silencioso, cauto y como agazapado ante el potencial que pronto va a desarrollar, eso sí, de un ritmo, casi me atrevería a decir, aterciopeladamente dramático. El inicio compositivo de esta obra se fija fundamentalmente en el proceso intelectual que va siguiendo la protagonista femenina del filme. Arpegios muy extensos, poco ‘’visibles’’ y fundamentados en sonidos electrónicos de graves, ante todo de bajos electrónicos. Podemos percibir a los violonchelos de la orquesta, por primera vez y de forma intencionada, cuando el personaje interpretado por la actriz Jessica Chastain ve cómo sus investigaciones son fríamente rechazadas por un superior. Comienza la duda, el verdadero trabajo: suenan las cuerdas graves y el espectador es ligeramente advertido. Desplat describe el devenir psicológico de Maya (Chastain), sus inquietudes y problemas, las desazones y las idas y venidas que su estudio inteligente sobre el caso Osama bin Laden irá sufriendo. La trama avanza de una forma progresiva y tranquila, pensada y con un desarrollo narrativo notable. El músico no se inmiscuye y limita su función, de forma acertada, a ligeros apoyos, descripciones sencillas y toques sutiles al estado de la protagonista. Un uso muy acotado de la instrumentación étnica, sin excesos, con la aparición del duduk en instantes puntuales.


‘’…Y luego voy a matar a Bin Laden’’. Superada la hora de metraje; superada la tragedia de uno de los atentados que afecta directamente a Maya. Momento de inflexión en la historia e instante importante, también de marcado cambio, en la música (sobre todo en intención y menos en estilo, que irá ascendiendo en intensidad gradualmente pero sin excederse, siempre con reservas). Desplat parece levantar el rostro, hasta ahora oculto y con tímida expresión.  Se trata de una pequeña secuencia. La música avisa y recuerda que ahí está, reforzando su siempre función de vital importancia.

Alcanzada la hora y media de duración, la evolución interna (sensaciones y percepciones) del espectador está siendo manejada ya con absoluta maestría y discreción por Kathryn Bigelow, directora del filme y que con igual astucia cinematográfica ha planteado el ámbito musical, ejecutado brillantemente por el compositor francés. Pocas veces la progresión contenido-música es de una unión tan fuerte. No resulta nada fácil controlar el pulso armónico en un argumento como el que se plantea. La progresión de la partitura es asombrosa, apenas perceptible si no te sumerges propiamente en su estudio y de pronto, sin quererlo, sin oír, sin ser consciente, sin saber siquiera si hay música o no, te encuentras en mitad del crecimiento en intensidad del desarrollo siendo tú uno de sus protagonistas. Pero lo admirable radica en el mantenimiento de esa evolución musical, incluso secuencial, en un plano limitado en el que nunca se podrá llegar a la euforia (ni aún en el conocido desenlace). Una progresión que no para y que no llega al éxtasis fácil, realmente, es muy complicada de conseguir.


A las dos horas aparece por fin un pequeño matiz de agudos, en este caso las violas, ya que el compositor, manteniendo el carácter oscuro de su obra, optó por retirar los violines y trabajar con las secciones más graves; hasta el momento, la orquesta basaba su ejecución en dichas secciones y Desplat acudía a los arpegios sintetizados a base de bajo electrónico y piezas solventes. Termina la parte de inteligencia. Se inicia la acción. Interesante motivo, el de las violas, para señalar este detalle importante. De nuevo una pieza de corta duración. El artista nos presenta un cambio influyente y calla. A los pocos minutos vuelan los helicópteros. La tensión es máxima; aquí, más que nunca, un detalle de alcance en la banda sonora de la película nos llama la atención. Ya comentado, Desplat pausa todo inteligentemente, hasta el fervor por lo que se investiga, por lo que llega, por los maltratos, por la acción misma. Démonos cuenta del ambiente general del filme: una investigación secreta en todo sentido. Nada puede ser alterado, ni visto, ni escrutado por otros, ni descubierto, ni intuido. La música está, siempre, a un volumen más bajo de lo normal. Fíjate en el curioso pero estudiado detalle. Un tempo controlado y un volumen milimétricamente adherido a las secuencias por debajo del umbral habitual.

El esperado suceso final guarda el equilibrio conjunto concebido, no podía ser de otra manera. La música aparece mínimamente y en forma de efecto mantenido y no varía su función descriptiva. La escena resulta tan tremendamente realista que lo que ocurre no necesita de más. Desplat aparece al final, conseguido el objetivo y calmada la situación. Inicia entonces el tema que concluirá el score, sencillamente hermoso, tendente a sus siempre minimalistas composiciones románticas pero inevitablemente unido a la sensación por la que se opta en esta partitura.

Alexandre Desplat.

Un último apunte. Es muy necesaria la escucha aislada de esta banda sonora para llegar a captar el sentido profundo y final que llega a tener en la historia. Minimalismo electrónico sin duda alguna, complejo para el oído, difícil de calificar de agradable y que, basando su equilibrio en una sentimiento de total oscuridad, adquiere en tal circunstancia de aislamiento mayor valor artístico al captar de forma clara la compleja composición que oculta cuando la escuchamos entre efectos de sonido, a un nivel muy estudiado de volumen y entre tanto suceso llamativo.

Concluyendo, una obra sobresaliente del genio francés en la que se desenvuelve con maestría en un ámbito más de apoyo que de lucimiento a nivel compositivo, aunque lo tenga. La sencillez minimalista del conjunto y el saber mantener su lugar como nadie le otorga una valoración muy alta y convierte a Zero Dark Thirty en una composición a tener muy presente en su variada colección de obras de arte.


Las diez mejores películas estrenadas en España durante 2013.


1. Amor (Amour), de Michael Haneke. Estrenada el 11 de enero.


2. La gran belleza (La grande bellezza), de Paolo Sorrentino. Estrenada el 5 de diciembre.


3. Tabú (Tabu), de Miguel Gomes. Estrenada el 18 de enero.


4. The Master (ídem), de Paul Thomas Anderson. Estrenada el 4 de enero.


5. Una familia de Tokio (Tôkyô kazoku), de  Yôji Yamada. Estrenada el 22 de noviembre.


6. Prisioneros (Prisoners), de Denis Villeneuve. Estrenada el 11 de octubre.


7. La noche más oscura (Zero Dark Thirty), de Kathryn Bigelow. Estrenada el 4 de enero.


8. La mejor oferta (La migliore offerta), de Giuseppe Tornatore. Estrenada el 5 de julio.


9. The Lords of Salem (ídem), de Rob Zombie. Estrenada el 17 de mayo.
Leer crítica


10. La caza (Jagten), de Thomas Vinterberg. Estrenada el 19 de abril.

La noche más oscura (Zero Dark Thirty, 2012) de Kathryn Bigelow.


“La venganza es el manjar más sabroso condimentado en el infierno”.
(Walter Scott)

El 1 de mayo de 2011, el presidente norteamericano Barack Obama se dirigía a su nación para anunciar la muerte de Osama bin Laden, fundador y líder de la red terrorista Al Qaeda, tras una operación secreta llevada a cabo en Abbottabad, Pakistán, por un pequeño grupo de soldados de los Estados Unidos. Era el punto culminante de una investigación que se inició diez años atrás, después de los brutales atentados del 11 de septiembre de 2001. Este filme narra, basándose en supuestos hechos reales, los acontecimientos que condujeron al hallazgo y posterior ejecución del terrorista más buscado del mundo.


Portentoso thriller de naturaleza hiperrealista y narrativa minuciosa con el que Kathryn Bigelow regresa a las pantallas tras su interesante y multipremiada, aunque inferior, The Hurt Locker. En realidad, Zero Dark Thirty (expresión que en la jerga militar se utiliza para referirse al momento en el que el reloj marca las doce y media de la madrugada, cuando se supone que la noche es más oscura) no sólo es el mayor logro en la carrera de la directora, sino que también constituye uno de los ejercicios fílmicos más brillantemente ejecutados del cine reciente. Su frío y áspero retrato de la obsesión de todo un país por capturar y vengarse de un solo hombre, representada en el personaje de una pertinaz agente de la CIA (espléndida Jessica Chastain), parece destinado a convertirse en uno de los grandes clásicos de la cinematografía estadounidense contemporánea. 


La obra se inicia de manera aterradora. Sobre un fundido en negro se escuchan las voces de algunas de las víctimas de los atentados del 11-S. Son conversaciones telefónicas reales en las que unos piden ayuda y otros se muestran conscientes de la muerte que les espera. A continuación nos vemos trasladados al interior de una prisión clandestina ubicada en medio de ninguna parte. Miembros de la CIA intentan obtener información de un preso islámico sometido a torturas. Estas escenas están levantando ampollas en Estados Unidos, donde hace unas semanas el mismísimo director en funciones de la CIA, Michael Morell, emitió un comunicado para desmentir determinados hechos narrados a lo largo de la cinta: "La película se toma licencias artísticas significativas al mismo tiempo que se retrata como históricamente exacta... Lo que quiero que sepáis es que Zero Dark Thirty es una dramatización, no un retrato realista de los hechos". Más recientemente, el Comité de Inteligencia del Senado norteamericano ha iniciado una investigación para aclarar qué tipo de información compartió la CIA con los responsables del filme. "La película implica claramente que las técnicas de interrogación coercitiva de la CIA fueron efectivas para extraer información importante relacionada con un 'mensajero' de Osama bin Laden. Hemos revisado los documentos de la CIA y sabemos que eso es incorrecto (...) No se puede responsabilizar a la CIA de cómo la agencia y sus actividades quedan reflejadas en la película, pero aún así estamos preocupados, dada la cooperación de la CIA con los responsables del filme y la consistencia de su narrativa con declaraciones públicas equivocadas que hicieron en el pasado algunos exfuncionarios de la CIA, por la posibilidad de que los guionistas pudieran haberse confundido con la información que les proporcionó la CIA" . Demasiadas molestias se toman en desmentir algo que se supone totalmente falso. Ustedes mismos.


La rigurosa narración de Zero Dark Thirty puede estructurarse en cuatro tramos: en el primero de ellos se procede al sistemático interrogatorio de diversos prisioneros repartidos por las cárceles secretas que la CIA tiene en medio mundo; en el segundo se sigue la pista de Abu Ahmed al-Kuwaiti, mensajero fiel de Bin Laden; el tercero se inicia con el descubrimiento del paradero del terrorista en una vivienda-fortaleza de Abbottabad; y en el cuarto tiene lugar el asalto nocturno a su guarida. Este último tramo, donde se reproduce la misión ejecutada por un pequeño comando, es el más impresionante y brillante de toda la película. Bigelow lo filma con un realismo raras veces visto en el cine; incluso hace uso de lentes infrarrojas que permiten ver en la oscuridad de la noche. Magistral.

La directora sabe imprimir intensidad al conjunto del relato, y su pulso narrativo resulta envidiable durante todo el metraje. No hay lugar para el patriotismo, la moralina o el maniqueísmo. Corresponde al espectador juzgar a partir de lo que ve. El plano final certifica algo que quizá nos haya pasado inadvertido, pero que sin duda está ahí: el drama personal de Maya. Lo que en The Hurt Locker era adicción, se ha convertido ahora en obsesión. Siendo tan peligrosa la una como la otra. 


Zero Dark Thirty, un trabajo cinematográfico sin apenas aristas. Una película prácticamente perfecta.


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