Mostrando entradas con la etiqueta Hermanos Coen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hermanos Coen. Mostrar todas las entradas

Las diez mejores películas de Joel y Ethan Coen.



Muerte entre las flores (Miller´s Crossing, 1990).


No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007).


Barton Fink (ídem, 1991).


Fargo (ídem, 1996).


El hombre que nunca estuvo allí (The Man Who Wasn´t There, 2001).


El gran Lebowski (The Big Lebowski, 1998).


Sangre fácil (Blood Simple, 1984).


Valor de ley (True Grit, 2010).


Quemar después de leer (Burn After Reading, 2008).


A propósito de Llewyn Davis (Inside Llewyn Davis, 2013).

A propósito de Llewyn Davis (Inside Llewyn Davis, 2013) de Joel y Ethan Coen.

“Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender”.
(Charles Dickens)

Nueva York, años sesenta. Llewyn Davis (Oscar Isaac) es un cantante de folk fracasado que persevera en su intento de abrirse camino en el complicado mundo de la música.



Inside Llewyn Davis, película inspirada en la figura del cantante estadounidense Dave Van Ronk, es el nuevo trabajo de los peculiares hermanos Coen. Sin ser una de sus mejores obras, el filme que nos ocupa, un drama divertidamente amargo sobre el ambiente musical del Greenwich Village de principios de los sesenta, posee al menos el inconfundible sello de los autores de Fargo: humor seco, ironía y personajes pintorescos.


La cinta de los Coen comienza por el final. Corre el año 1961 y en el Gaslight Café, cuna del folk acústico neoyorquino donde Bob Dylan dio uno de sus primeros conciertos, actúa Llewyn Davis. Visiblemente hastiado, entona una triste y hermosa canción (el mejor momento de toda la película). Poco después, tras bajarse del escenario, le comunican que un supuesto amigo quiere hablar con él. En un solitario y oscuro callejón, un tipo con traje y sombrero cuyo rostro apenas se vislumbra, lo espera para darle una paliza. Más tarde entenderemos el porqué. Con un inicio así de prometedor, uno siente que se encuentra ante el que va a ser uno de los grandes títulos de sus autores; pero no, por desgracia no será así. Durante el resto del metraje, el guión de los Coen, repleto de innecesarios subrayados, no hará otra cosa que regodearse en el carácter perdedor de su protagonista, a quien, como es previsible, no le saldrá nada bien. Oscar Isaac está estupendo en su encarnación de Llewyn Davis, fracasado músico a un paso de la indigencia que cada noche tiene que recurrir al favor de sus amigos para que lo dejen dormir en el sofá de sus casas. Sin embargo, su entrega no impide advertir las carencias de un personaje con escasa dimensión psicológica (se podía haber indagado más en la pérdida de Mike, el que fuera su amigo y acompañante musical) y con el que resulta complicado empatizar, de modo que rara vez nos conmueve lo que le sucede. Los demás personajes, incluido el insoportable Justin Timberlake, pintan más bien poco; tan sólo destacaría la genial aparición de John Goodman. 


El aspecto más sobresaliente del filme, al margen de las canciones, es la bonita fotografía de Bruno Delbonnel, que ensalza la atmósfera invernal y melancólica del relato.

Un sabor agridulce, algo decepcionante, el que, en definitiva, me ha dejado la última obra de los hermanos de Minnesota. Otra vez será.


Clásicos del siglo XXI: No es país para viejos.


Título original: No Country for Old Men.

Año: 2007.

Duración: 122 minutos.

País: Estados Unidos.

Director: Joel Coen, Ethan Coen.

Guión: Ethan Coen, Joel Coen (novela de Cormac McCarthy).

Música: Carter Burwell.

Fotografía: Roger Deakins.

Reparto: Josh Brolin, Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Kelly Macdonald, Woody Harrelson, Stephen Root, Garret Dillahunt, Tess Harper, Barry Corbin, Rodger Boyce, Beth Grant.

Valoración Esculpiendo el tiempo: 






















Valor de ley (True Grit, 2010) de Joel y Ethan Coen.

“Huye el impío sin que nadie lo persiga…”
(Proverbios 28:1)

Mattie Ross (Hailee Steinfeld) es una niña de catorce años que busca venganza por el asesinato de su padre a manos de un canalla llamado Tom Chaney (Josh Brolin). Para capturarlo, decide contratar los servicios del envejecido alguacil Rooster Cogburn (Jeff Bridges), conocido por su valentía y sus excesos con el alcohol. En su viaje les acompañará LaBoeuf (Matt Damon), un ranger de Texas que busca a Chaney por el asesinato de un senador.


Nueva adaptación, que no remake, de la novela homónima de Charles Portis que ya había sido llevada a la gran pantalla en 1969 por Henry Hathaway con John Wayne como protagonista principal. Esta versión anterior, aunque resultaba interesante y sumamente entretenida, distaba mucho de cualquier tipo de grandeza más allá de la conseguida interpretación de The Duke. Y es que el talento de Hathaway, pese a tratarse de un correctísimo especialista en el género (El jardín del diablo, Los cuatro hijos de Katie Elder, Nevada Smith…), quedaba muy lejos del de grandes maestros como Ford, Hawks, Walsh o Mann.

En manos de los Coen, cineastas irregulares pero de indiscutible interés, el relato de Portis gana en profundidad y madurez, resultando más crudo y grave en el fondo, y más áspero y sobrio en la forma.

Si la subversión de los géneros ha sido la constante habitual en la carrera de estos hermanos de Minnesota, aquí nos sorprenden presentando un western de marcado corte clásico, aunque aderezado con unas dosis de hiperrealismo pocas veces vista en el género.


La voz en off de la protagonista, que ya adulta recuerda su pasado, nos introduce, a modo de prólogo, en una historia que será narrada con tacto sereno hasta desembocar en su fordiano epílogo, el más hermoso y poético jamás filmado por los autores de Fargo

Esta fábula sobre el bien y el mal, está envuelta en una extraordinaria, y por momentos evocadora (bellísima la secuencia nocturna bajo un cielo estrellado en la que Cogburn cabalga para llevar a Mattie a un médico), fotografía de Roger Deakins, un colaborador ya habitual en sus trabajos.

El dibujo de los tres personajes principales está perfectamente trazado, así como la evolución de la relación entre los mismos, que pasa de ser de cierta confrontación y desconfianza al principio, hasta convertirse progresivamente en leal y afectiva.


Hailee Steinfeld se muestra como una auténtica revelación, soportando el peso dramático de la trama con una composición repleta de matices. El Cogburn de Bridges, por su parte, no desmerece en absoluto la interpretación de Wayne. Menos brillante, aunque también convincente, resulta la labor de su compañero de viaje, un Matt Damon que mejora día a día. Es una lástima que frente a ellos no encontremos a unos villanos de mayor entidad, ya que su retrato no supera la mera caricatura.

True Grit es, en cualquier caso, una excelente película. Una gran muestra de ese extraordinario género, por desgracia casi extinguido, que es el western.


No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007) de Joel y Ethan Coen.


Lewelyn Moss (Josh Brolin) es un tipo corriente que estando de caza se topa con los resultados de una masacre derivada de una fallida transacción de droga. Cerca del lugar halla un maletín con dos millones de dólares, cantidad que se dispone a conservar. Tras los pasos de Lewelyn encontramos a un asesino psicópata contratado para recuperar el dinero llamado Anton Chigurh (Javier Bardem), y al envejecido sheriff Ed Bell (Tommy Lee Jones), que trata de resolver el asunto criminal.


La historia del cine nos demuestra que hay películas que acaban convirtiéndose en clásicos por su calidad, mientras que otras lo hacen porque sus temáticas se adecuan o reflejan algunos elementos clave del contexto en el que surgen. La cinta que ahora nos ocupa, la adaptación que los hermanos Coen han llevado a cabo de la obra de Cormac McCarthy, probablemente alcanzará ese status por ambas razones.

El valor de estos hermanos de Minnesota no se basa en su capacidad para crear cosas nuevas u originales, sino en su sorprendente lucidez a la hora de reinterpretar géneros ya desgastados. Es lo que ocurre con No Country for Old Men, un aparente psicothriller que por su iconografía (el desierto tejano, caballos, sombreros, el sheriff, el villano, el botín…) se asemeja a un western de relectura posmoderna.


Los Coen demuestran en ésta, su mejor película, que han alcanzado la madurez en la utilización del lenguaje cinematográfico. No necesitan golpes de efecto, ni clímax, ni música. Les basta con su milimétrica planificación de la puesta en escena. 

La película debe ser entendida como una fábula moral en la que se establece la tradicional lucha entre el bien y el mal. El mal se personifica en el personaje de Chigurh, y el bien en la figura del sheriff Bell.

Hay un claro desequilibrio en esa lucha, ya que mientras el mal se pasea a sus anchas, el bien se muestra desencantado, incapaz de comprender la naturaleza destructiva de su enemigo.


La violencia gratuita de la sociedad contemporánea terminará por retirar al bien de la lucha. Sólo el azar (una moneda lanzada al aire) puede frenar, en parte, el poder de un mal que se muestra insaciable.

Algunos le han criticado al filme un final abierto que no ofrece respuestas. Sin embargo, resulta perfecto. Pues esa incertidumbre es la misma que prevalece en nuestra sociedad, una sociedad en la que sólo la incertidumbre se muestra como certeza.
 

Recent Posts

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...