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Las diez mejores películas del cine de terror de la Universal.


1. La novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein, 1935), de James Whale.



2. El fantasma de la ópera (The Phantom of the Opera, 1925), de Rupert Julian.



3. El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931), de James Whale.



4. El caserón de las sombras (The Old Dark House, 1932), de James Whale.



5. La momia (The Mummy, 1932), de Karl Freund.



6. El hijo de Frankenstein (Son of Frankenstein, 1939), de Rowland V. Lee.



7. Drácula (Dracula, 1931), de Tod Browning.



8. El hombre invisible (The Invisible Man, 1933), de James Whale.



9. El hombre lobo (The Wolfman, 1941), de George Waggner.



10. Satanás (The Black Cat, 1934), de Edgar G. Ulmer.

Las 10 mejores películas de los años 30. Lista de 2015.


1. Luces de la ciudad (City Lights, 1931), de Charles Chaplin. USA.




2. La novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein, 1935), de James Whale. USA.




3. M, el vampiro de Düsseldorf (M, 1931), de Fritz Lang. Alemania.




4. L´Atalante (ídem, 1934), de Jean Vigo. Francia.




5. Vampyr, la bruja vampiro (Vampyr, 1932), de Carl Theodor Dreyer. Alemania/Francia.




6. Alexánder Nevsky (Aleksandr Nevskiy, 1938), de Sergei M. Eisenstein. Unión Soviética.




7. Historia del último crisantemo (Zangiku monogatari, 1939), de Kenji Mizoguchi. Japón.




8. Los violentos años veinte (The Roaring Twenties, 1939), de Raoul Walsh. USA.




9. Capricho imperial (The Scarlet Empress, 1934), de Josef von Sternberg. USA.




10. La parada de los monstruos (Freaks, 1932), de Tod Browning. USA.


Las diez películas más influyentes del cine de terror de todos los tiempos.

Los títulos que conforman esta lista aparecen en orden cronológico.


El gabinete del Dr. Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, 1920), de Robert Wiene.




Nosferatu el vampiro (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922), de Friedrich Wilhelm Murnau.




Drácula (Dracula, 1931), de Tod Browning.




El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931), de James Whale.




La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero.





La semilla del diablo (Rosemary´s Baby, 1968), de Roman Polanski.




El exorcista (The Exorcist, 1973), de William Friedkin.




La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, 1974), de Tobe Hooper.




La noche de Halloween (Halloween, 1978), de John Carpenter.




El resplandor (The Shining, 1980), de Stanley Kubrick.


Drácula (Dracula, 1931) de Tod Browning.

“Yo nunca bebo… vino”.

El señor Renfield (Dwight Frye) viaja hasta la región de los Cárpatos, en la inhóspita Transilvania, para cerrar un trato inmobiliario con el misterioso conde Drácula (Bela Lugosi), un ser sobrenatural que pretende adquirir una vieja abadía en Londres.


Considero que el mítico Drácula de Tod Browning tiene un mayor valor iconográfico que estrictamente fílmico. De hecho, me parece una de las películas menos logradas del singular autor de Freaks, quien, a buen seguro, rodó el presente filme sin motivación alguna tras la inesperada muerte de Lon Chaney, amigo suyo que, en principio, iba a ser el actor que interpretase al famoso personaje creado por la pluma de Bram Stoker en 1897. Drácula, con guión de Garrett Ford, adapta una obra de teatro escrita por Hamilton Deane y John L. Balderston a partir de la novela homónima del citado Stoker. Esa procedencia teatral resulta demasiado acusada en el desarrollo de una trama en exceso arrítmica (algo de lo que pecan casi todas las películas que, como ésta, fueron rodadas en el período situado a caballo entre el cine silente y el cine sonoro) e inmóvil.


Como decía, lo más valioso de este Drácula es que sienta las bases iconográficas del cine de terror posterior: el castillo, los murciélagos, las telarañas, los ataúdes, la niebla, los aullidos (salen hasta armadillos)… Su primera parte, la que transcurre en Transilvania, constituye una notable muestra de imaginería gótica (impresionante decorado de la entrada del castillo), con una gran presentación del personaje del conde saliendo de su ataúd y bajando las escaleras del castillo vela en mano. “Soy Drácula”,  le dice con siniestra sonrisa a un acongojado Renfield. En cambio, cuando la acción se traslada a Londres, con el conde frecuentando a la alta aristocracia inglesa, en especial el dormitorio de Mina (Helen Chandler), su principal víctima, todo se echa a perder. Es entonces cuando la cinta carece por completo de ritmo, tornándose tediosa y teatral. Algo a lo que también contribuyen las torpes interpretaciones de los actores, en especial la de Bela Lugosi, bastante mediocre pese a que se hiciera famoso gracias a ella. Sólo en el tramo final, el que tiene lugar en el interior de las catacumbas, donde se ajusticia (en off) al vampiro en su ataúd, la obra se levanta para concluir de manera digna. Como al principio, vuelve a sonar El lago de los cisnes, de Chaikovski. Fin.


Los freaks de Tod Browning.


En 1932 se estrenó una película única en la historia del cine: La parada de los monstruos (Freaks). La mayoría de sus protagonistas eran personas con algún tipo de discapacidad física o mental; auténticas “atracciones” de feria. Con un realismo cercano al documental, Tod Browning nos acercó su día a día en el mundo del circo. Catalogada como cinta de terror única y exclusivamente por su escalofriante final, Freaks ha demostrado ser mucho más que eso, elevándose como una de las producciones más originales legadas por el Hollywood clásico.



Señoras y señores, pasen y vean…


Harry y Daisy Earles: hermanos pertenecientes a una familia de enanos que en la película interpretan a Hans y Frieda respectivamente. La relación amorosa entre ambos resulta deliciosamente tierna. Harry ya había trabajado junto a Browning en El trío fantástico (The Unholy Three, 1925), donde daba vida a un ladronzuelo que se hacía pasar por un bebé.



Peter Robinson: conocido en el mundo del circo con el sobrenombre de “el esqueleto humano” por su extremada delgadez. Al parecer, acabó contrayendo matrimonio con una mujer que pesaba más de doscientos kilos. Menuda pareja…



Marta Morris y Francis O´Connor: estas dos chicas tuvieron la desgracia de nacer sin brazos, lo que las obligó a realizar cualquier tipo de tarea con los pies. A pesar de su discapacidad, Francis O´Connor era una gran tejedora. Todo un ejemplo de autosuperación.




Schlitze y las hermanas Jenny Lee y Elvira Snow: los tres sufrían microcefalia y en el filme se les denomina “cabezas de alfiler”.




Prince Randian: conocido como “el torso viviente”, trabajó durante años en el mundo del espectáculo. Que no tuviera brazos ni piernas, no le impidió casarse y tener un hijo. En la película es capaz de sacar una cerilla de una cajetilla y encender un cigarro en un número breve pero inolvidable.



Daisy y Violet Hilton: hermanas siamesas que fueron vendidas por su madre al nacer. Sus tutores las explotaron durante años. Tuvieron bastante éxito con sus números en el mundo del vodevil. Resulta bastante cómico que en la cinta de Browning cada una de ellas tenga un novio con el que se quieren casar.



Johnny Eck: “el medio hombre”. Carecer de tronco y piernas hizo que sus brazos se desarrollaran de tal modo, que podía desplazarse con ellos sin ningún tipo de problema. Tenía un hermano gemelo, sin ninguna discapacidad, con el que representaba el número de magia de la caja aserrada. 



Angelo Rosito: uno de los enanos más conocidos del cine y la televisión. Algunos lo recordarán por su aparición en Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno, en donde estaba a punto de ser comido por una piara de cerdos.



Koo Koo, la chica pájaro: poco se sabe acerca de esta mujer, a la que adornaban con plumas para que pareciera un pájaro. Sufría una afección ósea y era prácticamente ciega.



Elisabeth Green: no tenía ningún defecto físico, simplemente era poco agraciada. La conocían como “la mujer cigüeña” por su peculiar aspecto.



Josephine Joseph: verdadero hermafrodita que se presentaba caracterizado de manera dual (mitad hombre, mitad mujer).



Olga Roderick: “la mujer barbuda” que no puede faltar en ningún circo. Aquí es pareja de “el esqueleto humano”, con el que tiene un hijo. La actriz siempre se arrepintió de haber participado en la película, por considerarla un insulto al espectáculo circense.






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