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Las 10 mejores películas de los años 00. Lista de 2015.


1. Armonías de Werckmeister (Werckmeister harmóniák, 2000), de Béla Tarr. Hungría/Italia/Alemania/Francia.




2. Yi yi (ídem, 2000), de Edward Yang. Taiwán/Japón.




3. Mulholland Drive (Mulholland Dr., 2001), de David Lynch. Francia/USA.




4. El nuevo mundo (The New World, 2005), de Terrence Malick. USA/Reino Unido.




5. 2046 (ídem, 2004), de Wong Kar-wai. Hong Kong/China/Francia/Italia/Alemania.




6. El pianista (The Pianist, 2002), de Roman Polanski. Francia/Polonia/Alemania/Reino Unido.




7. Mystic River (ídem, 2003), de Clint Eastwood. USA/Australia.




8. El regreso (Vozvrashchenie, 2003), de Andrei Zvyagintsev. Rusia.




9. Caché (ídem, 2005), de Michael Haneke. Francia/Austria/Alemania/Italia.




10. Infiel (Trolösa, 2000), de Liv Ullmann. Suecia/Italia/Alemania/Finlandia/Noruega.


Las diez mejores películas del siglo XXI (2000-2014).

"Las obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. No conozco ningún otro criterio".
(Antón Chéjov)


1. El caballo de Turín (A torinói ló, 2011), de Béla Tarr.



2. El árbol de la vida (The Tree of Life, 2011), de Terrence Malick.



3. Armonías de Werckmeister (Werckmeister harmóniák, 2000), de Béla Tarr.



4. Yi yi (ídem, 2000), de Edward Yang.



5. Die andere Heimat-Chronik einer Sehnsucht (2013), de Edgar Reitz.



6. Mulholland Drive (Mulholland Dr. 2001), de David Lynch.



7. Amor (Amour, 2012), de Michael Haneke.



8. La gran belleza (La grande bellezza, 2013), de Paolo Sorrentino.



9. Another Year (ídem, 2010), de Mike Leigh.


10. El nuevo mundo (The New World, 2005), de Terrence Malick.

Las diez obras cinematográficas más importantes de lo que va de siglo XXI.


1. El caballo de Turín (A Torinói ló, 2011), de Béla Tarr. Hungría.

Béla Tarr (1955)



2. El árbol de la vida (The Tree of Life, 2011), de Terrence Malick. Estados Unidos.

Terrence Malick (1943).



3. Armonías de Werckmeister (Werckmeister harmóniák, 2000), de Béla Tarr. Hungría.

Béla Tarr (1955).



4. Yi Yi (ídem, 2000), de Edward Yang. Taiwán.

Edward Yang (1947-2007).



5. Mulholland Drive (ídem, 2001), de David Lynch. Estados Unidos.

David Lynch (1946).



6. Saraband (ídem, 2003), de Ingmar Bergman. Suecia.

Ingmar Bergman (1918-2007).



7. Amor (Amour, 2012), de Michael Haneke. Austria.

Michael Haneke (1942).



8. La gran belleza (La grande bellezza, 2013), de Paolo Sorrentino. Italia.

Paolo Sorrentino (1970).



9. El nuevo mundo (The New World, 2005), de Terrence Malick. Estados Unidos.

Terrence Malick (1943).



10. Deseando amar (Fa yeung nin wa, 2000), de Wong Kar-wai. Hong-Kong.

Wong Kar-wai (1958).

Yi Yi (ídem, 2000) de Edward Yang.

La película nos muestra el devenir diario de una familia de clase media que vive en la ciudad de Taipéi. NJ (Nianzhen Wu), el padre, trabaja en una empresa informática que está a punto de declararse en quiebra, y, después de muchos años, se encuentra con la mujer que fue su primer y verdadero amor. Su esposa, Min Min (Elaine Jin), sufre una crisis espiritual tras el estado de coma en el que cae su madre, por lo que decide irse durante una temporada a un templo. Ting Ting (Kelly Lee) es la hija adolescente que comienza a experimentar las cosas buenas y malas que conlleva el tránsito hacia la vida adulta, mientras que para su hermano Yang Yang (Jonathan Chang), de tan sólo ocho años, el día a día supone un continuo descubrimiento.  


La obra capital del cine oriental contemporáneo es este relato coral y costumbrista que encierra una hermosa sapiencia vital a la que la cinematografía de los últimos tiempos no nos tiene demasiado acostumbrados. Yi Yi no sólo supone una lección de cine, es también una lección de vida.

A través del retrato de los distintos miembros de una misma familia, Yang nos expone las experiencias, emociones y sentimientos inherentes a cada una de las etapas vitales.


 Yi Yi es alegría y dolor, nacimiento y muerte; es la fascinación de la infancia, el dubitar de la adolescencia, el ímpetu de la juventud, el desencanto de la madurez y la serenidad de la vejez. Yi Yi es, en definitiva, la propia existencia.

El filme se abre con una boda y se cierra con un funeral, lo que dota a la narración de una estructura simétrica que se ve acentuada por la celebración, hacia la mitad del metraje, de una fiesta de bienvenida a un recién nacido. Son, por tanto, tres ceremonias asociadas al ciclo vital las que articulan y equilibran el relato.

Edward Yang recoge de forma apacible y contemplativa, lo que lo emparenta con algunos maestros clásicos como Ozu y Naruse,  el sinfín de situaciones a las que nos enfrenta la vida, primando casi siempre una visión cíclica de la misma, como si todos estuviésemos destinados/condenados a compartir similares experiencias.


El director acierta al utilizar a la figura silente de la abuela, que representa la sabiduría y la calma del pasado, como recurso para que el resto de personajes exorcicen ante ella sus secretos y emociones más íntimas.

Yi Yi nos muestra fielmente la vida del hombre moderno en la gran urbe (la ciudad es un personaje más), de ahí que Yang filme a sus personajes a través de cristales que permiten ver lo que ocurre fuera, o que recurra a mostrarnos determinadas escenas mediante los reflejos de estos, haciendo un uso excepcional del fuera de campo.


La película también encierra interesantes reflexiones sobre el propio cine (no es casual que Yang Yang experimente con su cámara de fotos, con la que fotografía las nucas de los demás para mostrarles aquello de sí mismos que ellos no pueden ver), como la que se muestra en el siguiente extracto de un diálogo:

“-  La vida es una mezcla de alegría y tristeza. Las películas son como la vida. Por eso nos encantan.
  - Entonces… ¿quién necesita las películas? ¡Quédate en casa y vive la vida!
  - Vivimos tres veces más desde que el hombre inventó las películas. Significa que las películas nos dan el doble de lo que nos da la vida diaria…”

En definitiva, una verdadera obra de arte.


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