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La cumbre escarlata (Crimson Peak, 2015) de Guillermo del Toro.

“El demonio del mal es uno de los instintos primeros del corazón humano”.
(Edgar Allan Poe)

Principios del siglo XX. Edith Cushing (Mia Wasikowska) es una joven escritora perteneciente a la clase alta neoyorquina, que pronto se siente atraída por el misterioso Thomas Sharpe (Tom Hiddleston), un aristócrata inglés muy apegado a su hermana Lucille (Jessica Chastain).


Espléndido melodrama gótico con ribetes de terror sobrenatural al más puro estilo Ann Radcliffe, que supone uno de los mejores trabajos del realizador mexicano Guillermo del Toro. La película, sin mácula alguna en todo lo concerniente a su impresionante apartado visual, es un relato clásico de fantasmas con heroína ingenua, galán de ensueño, pasión amorosa, terribles secretos, parajes remotos, una mansión en ruinas y un tortuoso pasado que afecta de manera determinante a los acontecimientos del presente. Además de a Radcliffe, hay en Crimson Peak referencias más o menos evidentes a otros autores del género como el Edgar Allan Poe de La caída de la casa Usher, la Charlotte Brontë de Jane Eyre, el Henry James de Otra vuelta de tuerca o la Daphne du Maurier de Rebeca.


Aproximadamente el primer tercio de la cinta transcurre en la ciudad de Búfalo, en el estado de Nueva York, donde Edith, que acaba de escribir su primera novela, una historia de fantasmas, y busca publicarla, vive en compañía de su padre (Jim Beaver), un rico empresario. Es en esta parte inicial en la que del Toro nos presenta a los principales personajes de la trama, destacando la magnífica primera aparición de la siniestra Lucille mientras da un recital de piano en medio de una fiesta de la alta sociedad. Desde los primeros minutos del filme, se muestra a Edith, la protagonista, como una chica con una especial sensibilidad para captar lo que sucede en el mundo del más allá (el espectro de su madre fallecida se le aparece durante su infancia para advertirle de que tenga “cuidado con la cumbre escarlata”). En este tramo de metraje también se plantea la contraposición entre el emprendimiento estadounidense y el inmovilismo clasista europeo a través de los personajes de Carter, padre de Edith, y Thomas. Con el traslado de la acción a la mansión de los Sharpe, que remite en su decadente aspecto a la residencia de los Usher en el ya citado relato de Poe, asentada en este caso sobre minas subterráneas de arcilla roja, da comienzo el relato de fantasmas en sí, con unas cuantas almas en pena de aspecto horrible que atormentan las noches de la sufrida Edith.


La cumbre escarlata sobresale por su extraordinario diseño de producción, su dirección de fotografía y su diseño de vestuario. Así como por un gran reparto en el que brilla con luz propia Jessica Chastain. Por contra, se le pueden reprochar ciertas condescendencias y lagunas en el guión, falta de ambigüedad en el personaje de Thomas y su regodeo en las escenas de violencia. En cualquier caso, una delicia para los amantes del gótico.


El laberinto del fauno (2006) de Guillermo del Toro.

“Sólo la fantasía permanece siempre joven; lo que no ha ocurrido jamás no envejece nunca”.
 (Friedrich Schiller)

España, 1944. Ofelia (Ivana Baquero), una niña de trece años aficionada a los cuentos, se traslada junto con su madre, Carmen (Ariadna Gil), quien se encuentra en avanzado estado de gestación, a un pequeño pueblo del Pirineo Aragonés donde el nuevo marido de ésta, Vidal (Sergi López), despiadado capitán de la Policía Armada franquista, trata de acabar con los reductos de la resistencia republicana que aún permanecen escondidos en el monte. Una noche, Ofelia descubre las ruinas de un viejo laberinto en el que habita un fauno (Doug Jones), el cual le revela que ella es, en realidad, una princesa de un mundo desconocido que lleva tiempo esperando su vuelta. Para poder regresar, Ofelia tendrá que superar tres pruebas antes de que llegue la luna llena. 


Sobrevalorado filme de producción hispano-mexicana que recibió multitud de premios, incluidos tres Óscars, y granjeó fama internacional a su irregular director, el guadalajarense Guillermo del Toro. Se trata de un drama fantástico que incide en el poder de la imaginación infantil como medio de evasión en un contexto deprimido, siguiendo así la línea marcada por Lewis Carroll en su Alicia en el país de las maravillas, pero con un tono más lúgubre y cercano al universo del autor de Cronos. En el plano visual, la película evidencia el influjo estético de algunos trabajos de Tim Burton como Sleepy Hollow.


De las dos realidades que se entremezclan a lo largo de El laberinto del fauno, la más interesante, sin el menor atisbo de duda, es la fantástica. En ella, del Toro crea atmósferas de inquietante imaginería, acercándose por momentos al cine de terror. Destacan los encuentros entre Ofelia y el fauno, además del tenso pasaje en el que la niña se ve obligada a escapar de una monstruosa criatura ciega. La labor del equipo de maquillaje resulta extraordinaria, constituyendo lo mejor de la cinta junto con la preciosa fotografía de Guillermo Navarro. La parte realista ya es otro cantar, con una resobada trama sobre la guerra civil, un discurso ideológico maniqueo y una pobre descripción de personajes que en ocasiones bordea la mera y grotesca caricatura (véase el personaje del capitán, por ejemplo). Ese desequilibrio perjudica seriamente la valoración del conjunto. 


Por último y en relación con el reparto, sólo subrayaría la cándida presencia de la joven Ivana Baquero, todo un descubrimiento. Sergi López está sobreactuado, y el personaje de Maribel Verdú es tan simplón que parece difícil sacarle mayor partido. 

Lo dicho, una obra estimable sin más.


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