“Los viajes son los
viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”.
(Fernando
Pessoa)
La
llegada de un forastero a un pequeño pueblo del viejo Oeste, despierta las
sospechas del sheriff Hunt (Kurt
Russell), que pronto lo arresta. Sin embargo, esa misma noche, tanto el
prisionero como las dos personas que lo custodiaban desparecen. Hunt y otros
tres hombres emprenden entonces su búsqueda, adentrándose en territorio
salvaje.
Una
mezcla entre Centauros del desierto (The Searchers, 1956), de John Ford, y Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 1977), de Wes
Craven. Hasta de esta forma tan disparatada podría definirse a Bone Tomahawk, un inusual y estimulante western que supone el debut como
realizador del novelista, músico y guionista estadounidense S. Craig Zahler. La
película, galardonada con el Premio al Mejor director en el pasado
Festival de Sitges, contiene algunos toques de comedia hawksiana (la relación entre
el sheriff Hunt y su viejo ayudante Chicory recuerda a la que John Wayne y
Walter Brennan mantenían en Río Bravo),
además de elementos propios del cine de terror que la emparentan con la
infravalorada La noche de los gigantes
(The Stalking Monn, 1968), de Robert
Mulligan. El resultado es gratamente satisfactorio.
Todo
comienza cuando un par de asesinos y asaltantes de caminos profanan en su huida
un antiguo cementerio indio en medio de lo que parecen ser unos aullidos. Uno
de ellos, el que consigue escapar del ataque de no sabemos quién o qué, llega a
la localidad de Bright Hope, donde el sheriff
Hunt imparte justicia. Ante las sospechas que despierta, el forastero es pronto
herido, detenido y encarcelado, encargándose de su custodia uno de los
ayudantes de Hunt y una joven enfermera que cuida de sus heridas. Los mismos
terribles aullidos del principio vuelven a escucharse ahora en la noche de Bright
Hope. Un joven negro que cuida de los establos es brutalmente asesinado. A la
mañana siguiente, no queda rastro alguno de las tres personas que estaban en la
oficina del sheriff: el forastero, la
enfermera y el ayudante. Todo hace indicar que han sido secuestrados. ¿Pero por
quién? Una flecha india encontrada en el lugar despeja las dudas. No obstante,
como afirma un indio integrado en la comunidad, no se trata de una flecha
normal. Ese tipo de flechas sólo las utiliza una tribu primitiva que habita en
las cuevas de un lejano valle y practica el canibalismo. El sheriff Hunt, su ayudante Chicory (magnífico
trabajo de Richard Jenkins), el marido de la enfermera raptada (Patrick Wilson)
y el altivo Brooder (Matthew Fox), personaje que recuerda por su personalidad al
que John Carradine encarnara en La
diligencia (Stagecoach, 1939),
parten enseguida en busca de los desaparecidos. Lo suyo será un viaje
westerniano en toda regla, a caballo o a pie, durmiendo al raso y conversando
en torno a una buena hoguera.
La
cinta posee ritmo durante sus algo más de dos horas de metraje, tensión narrativa, buenos diálogos, estupendas
interpretaciones, un interesante dibujo de caracteres y una gran fotografía. La
disfrutarán tanto los amantes del western
como los del cine de terror con toques gore. Quédense con su título, Bone Tomahawk, porque dará que hablar.




