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Las 10 mejores películas carcelarias.


1. Un condenado a muerte se ha escapado (Un condamné à mort s'est échappé ou Le vent souffle où il veut, 1956), Robert Bresson. Francia. 99 min.




2. La evasión (Le trou, 1960), de Jacques Becker. Francia/Italia. 132 min.




3. La gran ilusión (La grande illusion, 1937), de Jean Renoir. Francia. 114 min.




4. Feliz Navidad, Mr. Lawrence (Merry Christmas Mr. Lawrence, 1983), de Nagisa Ôshima. Reino Unido/Japón/Nueva Zelanda. 123 min.




5. El hombre de Alcatraz (Birdman of Alcatraz, 1962), de John Frankenheimer. Estados Unidos. 147 min.




6. Fuerza bruta (Brute Force, 1947), de Jules Dassin. Estados Unidos. 98 min.




7. Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, 1994), de Frank Darabont. Estados Unidos. 142 min.




8. Fuga de Alcatraz (Escape from Alcatraz, 1979), de Don Siegel. Estados Unidos. 112 min.




9. César debe morir (Cesare deve morire, 2012), de Paolo y Vittorio Taviani. Italia. 77 min.




10. Bajo el peso de la ley (Down by Law, 1986), de Jim Jarmusch. Estados Unidos/Alemania Occidental. 107 min.


Las diez mejores 'road movies' de la historia.


1. The Straight Story. Una historia verdadera (The Straight Story, 1999), de David Lynch.




2. Fresas salvajes (Smultronstället, 1957), de Ingmar Bergman.




3. Malas tierras (Badlands, 1973), de Terrence Malick.




4. Paris, Texas (ídem, 1984), de Wim Wenders.




5. En el curso del tiempo (Im Lauf der Zeit, 1976), de Wim Wenders.




6. Alicia en las ciudades (Alice in den Städten, 1974), de Wim Wenders.




7. Nebraska (ídem, 2013), de Alexander Payne.




8. Un mundo perfecto (A Perfect World, 1993), de Clint Eastwood.




9. Extraños en el paraíso (Stranger Than Paradise, 1984), de Jim Jarmusch.




10. Pierrot, el loco (Pierrot le fou, 1965), de Jean-Luc Godard.


Las 10 mejores películas de los años 90. Lista de 2015.


1. La mirada de Ulises (To vlemma tou Odyssea, 1995), de Theodoros Angelopoulos. Grecia/Francia/Italia/Alemania/Reino Unido/República Federal de Yugoslavia/Bosnia y Herzegovina/Albania/Rumanía.




2. Sátántangó (ídem, 1994), de Béla Tarr. Hungría/Alemania/Suiza.




3. La eternidad y un día (Mia aioniotita kai mia mera, 1998), de Theodoros Angelopoulos. Grecia/Francia/Alemania/Italia.




4. Eyes Wide Shut (ídem, 1999), de Stanley Kubrick. Reino Unido/USA.




5. La delgada línea roja (The Thin Red Line, 1998), de Terrence Malick. USA.




6. La doble vida de Verónica (La double vie de Véronique, 1991), de Krzysztof Kieslowski. Francia/Polonia/Noruega.




7. Carretera perdida (Lost Highway, 1997), de David Lynch. Francia/USA.




8. Sin perdón (Unforgiven, 1992), de Clint Eastwood. USA.




9. The Straigh Story. Una historia verdadera (The Straigh Story, 1999), de David Lynch. Francia/Reino Unido/USA.




10. Ghost Dog, el camino del samurái (Ghost Dog: The Way of the Samurai, 1999), de Jim Jarmusch. Francia/Alemania/USA/Japón.


Noche en la Tierra (Night On Earth, 1991) de Jim Jarmusch.

“La uniformidad es la muerte; la diversidad es la vida”
(Mijaíl Bakunin)

Película de estructura episódica: cinco grandes ciudades (Los Ángeles, Nueva York, París, Roma, Helsinki), cinco taxis, lo que acontece dentro de ellos y una misma noche. 


Cineasta del multiculturalismo, el mestizaje y la globalización, Jim Jarmusch se hace acreedor de esta etiqueta gracias a trabajos como el que ahora nos ocupa, filme dividido en cinco episodios de unos veinte minutos de duración, en los que se retrata la vida nocturna de cinco grandes urbes muy dispares entre sí. Personajes de lo más variopinto y pintoresco, cada uno con sus pequeñas grandezas y miserias, protagonizan este entretenidísimo relato sobre ruedas (casi toda la acción transcurre en el interior de los diferentes taxis) en el que se apuntan temas varios como la inmigración, el sueño americano, la diversidad o el fracaso vital. Excelente labor de todo el reparto, que se beneficia de unas estupendas líneas de diálogo y del uso de primeros planos, y gran fotografía de Frederick Elmes en la plasmación de los distintos paisajes urbanos. La música corre a cargo del compositor californiano Tom Waits.

Los Ángeles, 19:10 horas. En este primer episodio, Jarmusch une los destinos de Victoria (Gena Rowlands), una veterana agente de casting que trabaja en Hollywood, y Corky (Winona Ryder), una joven taxista de modales vulgares que fuma como un carretero y aspira a convertirse en mecánico. ¿Será Corky la estrella de cine que busca Victoria? Al igual que ocurre en el resto de episodios, la ciudad en la que se contextualiza la trama supone un personaje más de la misma (quizá el más importante). El director dijo al respecto: “En la película, las ciudades se convierten en personajes, aunque aparezcan desde el interior de un taxi. La atmósfera, el color, la luz… todo eso tiene un efecto en la gente que vive en las ciudades y en lo que sientes cuando las visitas”. 


Nueva York, 22:10 horas. Al mismo tiempo que en el episodio anterior, aunque a distinta hora dada la diferencia horaria entre las ciudades de Los Ángeles y Nueva York, un peatón de raza negra (Giancarlo Esposito) busca sin demasiado éxito en Manhattan un taxi que lo lleve hasta el distrito de Brooklyn. Finalmente consigue uno, pero su conductor, Helmut (Armin Mueller-Stahl), resulta ser un inmigrante recién llegado de Alemania Oriental que ni siquiera sabe conducir. Episodio muy divertido con una entrañable relación entre personajes.


París, 4:10 horas. Cambiamos de continente. La madrugada avanza en la capital francesa. Un taxista de Costa de Marfil (Isaach de Bankolé) recoge a una chica ciega (Béatrice Dalle) que regresa a casa. El conductor, que con anterioridad ha tenido problemas con unos cameruneses, parece muy interesado en saber qué se siente al ser invidente, algo que irrita bastante a su pasajera. La tensión entre ambos va en aumento. ¿Cómo acabará esto?


Roma, 4:10 horas. La Ciudad Eterna sirve de incomparable marco espacial al episodio más divertido (con diferencia) de todos. Y quizá el mejor. Ahora el taxista es Roberto Benigni, quien conduce con gafas de sol pese a ser de noche. Su pasajero es un sacerdote (Paolo Bonacelli), aunque Benigni siempre se dirige a él como “obispo”. ¿Imaginan ustedes qué puede ocurrir a altas horas de la madrugada en el interior de un taxi entre un cura y un taxista pirado? No les adelanto nada. Mejor véanlo y prepárense para reír.


Helsinki, 5:10 horas. Último de los cinco episodios. Mi favorito. Una mezcla entre los cuentos Antón Chéjov y el cine de Aki Kaurismäki. El más triste y creíble de todos. Un taxista (Matti Pellonpää) recoge a tres amigos borrachos para llevarlos de vuelta a sus respectivos hogares. Uno de ellos ha tenido el peor día de su vida: lo han despedido, le han destrozado el coche, su hija adolescente se ha quedado embarazada y su mujer lo ha echado de casa. Sin embargo, la historia del taxista es aún más trágica… El broche ideal a una película encantadora.



Ghost Dog, el camino del samurái (Ghost Dog: The Way of the Samurai, 1999) de Jim Jarmusch.

“Si se debiera resumir en pocas palabras la condición del samurái, yo diría que en primer lugar es devoción en cuerpo y alma a un amo”.
(Yamamoto Tsunetomo)

Ghost Dog (Forest Whitaker) es un solitario asesino a sueldo que sigue estrictamente el código de honor de los antiguos samuráis.


A caballo entre El silencio de un hombre (Le samouraï, 1967), de Jean-Pierre Melville, A quemarropa (Point Black, 1967), de John Boorman, y las cintas de yakuzas dirigidas por Seijun Suzuki en los años sesenta, se sitúa esta brillante, irónica, racial y, a ratos, poética reformulación del cine negro o de gánsteres que supone uno de los mayores logros de la filmografía del gran Jim Jarmusch; realizador cada día más reivindicable dada su regularidad, independencia creativa y habilidad para romper las reglas de casi cualquier género con el objeto de montarlas después a la luz de su personal mirada.


La película arranca con una sucesión de planos aéreos de la ciudad de Nueva Jersey sobre los que se introducen en rojo los títulos de crédito iniciales. En realidad, esos planos constituyen el punto de vista subjetivo de una paloma que sobrevuela la ciudad. El animal se posa sobre un palomar situado en la azotea de un edificio. Un travelling hacia delante acerca la cámara a la ventana de un pequeño chamizo. Un fundido encadenado (recurso de montaje habitual durante este filme) nos introduce en su interior, donde Ghost Dog, el protagonista, lee un ejemplar del Hagakure, obra del samurái Yamamoto Tsunetomo en la que se establecen de forma episódica las reglas del bushido o “camino del guerrero”. Diversos extractos de la misma se irán intercalando a lo largo de la cinta, siempre en relación con lo que acontece en la trama. “El camino del samurái está en la muerte. Es necesario meditar cada día sobre la muerte inevitable. Cada día con el cuerpo y la mente en paz se debe pensar en ser despedazado por flechas, rifles, lanzas y espadas. En ser arrastrado por rugientes olas, en ser fulminado por un rayo, aplastado hasta la muerte por un terremoto; en caer desde un acantilado de 10.000 metros, en morir por enfermedad o al cometer seppuku al morir tu maestro. Y cada día, sin excepción, uno debe considerarse muerto. Esta es la esencia del camino del samurái”. A continuación, y en plena noche, Ghost Dog sale de su guarida cual fantasma para cumplir con la misión que le han encargado: debe acabar con la vida del tipo que se está beneficiando a la hija del mafioso Ray Vargo (Henry Silva). Sin embargo, algo sale mal, lo que convierte a Ghost Dog en el objetivo de quienes lo contrataron. Como se puede apreciar, el inicio de la cinta recuerda bastante al de la obra de Melville mencionada con anterioridad. Pero Ghost Dog va mucho más allá de sus referencias, tanto cinéfilas como literarias (las alusiones a Tsunetomo, a Ryunosuke Akutagawa y a Mary Shelley), erigiéndose como etérea reflexión en torno a la soledad, la incomunicación, la fidelidad y el honor.


Genial interpretación de Forest Whitaker (quizá el mejor actor negro de la historia), quien apenas necesita hablar para transmitir esa mezcla de profunda amargura y serenidad que define a un personaje con el que resulta difícil no empatizar.

Concluyendo: casi una obra maestra. O sin el casi.


Bajo el peso de la ley (Down by Law, 1986) de Jim Jarmusch.

“Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo asuma tú también habrás de asumir,
pues cada átomo mío es también tuyo.
Vago al azar e invito a vagar a mi alma”.
(Walt Whitman)

Jack (John Lurie), un proxeneta, y Zack (Tom Waits), un disc-jockey de radio, son encarcelados por dos delitos que no han cometido. Ambos compartirán celda con Roberto (Roberto Benigni), un simpático inmigrante italiano que apenas sabe hablar inglés.


El cine de Jim Jarmusch resulta inequiparable debido a la originalidad y la desvergüenza con las que aborda los distintos géneros o subgéneros, saltándose casi siempre los convencionalismos imperantes, y reescribiendo a su modo cada uno de ellos.  Down by Law, definida por el realizador como una “neo-beat-noir-comedy”, es una deliciosa tragicomedia carcelaria en blanco y negro (extraordinaria fotografía de Robby Müller, por entonces colaborador habitual de Wim Wenders) que funciona como fábula sobre la libertad, el compañerismo, la marginalidad o la pérdida del sueño americano.


La película se estructura en tres partes bien diferenciadas: presentación de los personajes y sus conflictos en la ciudad de Nueva Orleans (aquí la presencia de Benigni se reduce a una breve aparición); estancia en prisión; y huida a través de los pantanos de Luisiana. A diferencia de cualquier otro filme carcelario con evasión de sus protagonistas de por medio, donde la planificación y preparación de la fuga suele ocupar un lugar preponderante dentro del relato, en Down by Law el autor de Dead Man prácticamente omite esa cuestión. Es cierto que vemos a Zack, Jack y Roberto huir del presidio, pero en realidad no sabemos cómo lo han hecho. La trama, en su conjunto, es bastante minimalista, lo que favorece su sentido fabulístico. A Jarmusch sólo parece interesarle la relación que se establece entre unos personajes condenados a entenderse, y la interacción de estos con el espacio que habitan, ya sea la habitación de un apartamento urbano, la mugrienta celda de la prisión o el espacio “abierto” de los pantanos de Luisiana.


A nivel estético y formal, apartado en el que la presente obra ocupa un lugar muy destacado en la filmografía del director estadounidense, sobresalen la cuidada composición de los encuadres, el uso de planos fijos de larga duración, los travellings laterales (magnífico arranque mientras de fondo suena Jockey Full of Bourbon de Tom Waits) y una puesta en escena de espacios reducidos.

John Lurie y Tom Waits (músicos los dos), además de aportar la banda sonora y las canciones de la película respectivamente, cumplen con sus interpretaciones, aunque en este sentido el mejor trabajo es el que realiza un entrañable, divertidísimo Roberto Benigni.


Las diez mejores películas estrenadas en España durante 2014.


1. Nebraska (ídem), de Alexander Payne. Estados Unidos. Estrenada el 7 de febrero.


2. Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive), de Jim Jarmusch. Reino Unido. Estrenada el 13 de junio.


3. Ida (ídem), de Pawel Pawlikowski. Polonia. Estrenada el 28 de marzo.


4. Camino de la cruz (Kreuzweg), de Dietrich Brúggemann. Alemania. Estrenada el 12 de diciembre.


5. Her (ídem), de Spike Jonze. Estados Unidos. Estrenada el 21 de febrero.


6. Dos días, una noche (Deux jours, une nuit), de Jean-Pierre y Luc Dardenne. Bélgica. Estrenada el 24 de octubre.


7. La venus de las pieles (La Vénus à la fourrure), de Roman Polanski. Francia. Estrenada el 31 de enero.


8. Enemy (ídem), de Denis Villeneuve. Canadá. Estrenada el 28 de marzo.


9. El sueño de Ellis (The Inmigrant), de James Gray. Estados Unidos. Estrenada el 27 de junio.


10. Oslo, 31 de agosto (Oslo, 31. august), de Joachim Trier. Noruega. Estrenada el 17 de enero.
Crítica

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