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Boyhood (Momentos de una vida) (Boyhood, 2014) de Richard Linklater.

“Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta”.
(Walt Whitman)

Se narran algunos episodios de la vida de Mason (Ellar Coltrane) entre los seis y los dieciocho años de edad.


El realizador estadounidense Richard Linklater (Antes del amanecer, Antes del atardecer, Antes del anochecer) ganó el Oso de Plata a la mejor dirección en Berlín con Boyhood, película filmada de manera puntual a lo largo de doce años (se dice que el director reunía a su reparto durante una semana al año). Se trata de un ambicioso proyecto personal que pretende mostrar el desarrollo físico, cognitivo y emocional de un chico que tiene seis años cuando arranca el filme y dieciocho cuando termina. Linklater describe en casi tres horas de excesivo metraje, el paso de la infancia a la vida adulta, centrándose fundamentalmente en el complejo período de la adolescencia. El resultado, aun siendo interesante, es bastante inferior a lo que muchos vienen afirmando.


A mi entender, el principal defecto de Boyhood, y, por extensión, del resto de la filmografía de su autor, es la subordinación absoluta de la trama a los diálogos, el continuo pliegue de la narración a la incontinencia verborrágica de los personajes. Puede que Linklater sea un ingenioso dialoguista, no lo dudo; pero eso no lo convierte en un buen director de cine. No se necesitan tres horas para concatenar una serie de escenas tópicas de la etapa adolescente (eso es Boyhood a fin de cuentas), a no ser que pretendas dotarlas de cierto contenido a base de repetidas e interminables conversaciones entre los personajes. A Linklater le da pánico el silencio: utiliza las palabras para encubrir que no sabe utilizar las imágenes. Es por ello que lo considero un pésimo cineasta. No obstante, Boyhood es una buena película; y lo es gracias a su autenticidad. El haber utilizado al mismo grupo de actores a lo largo de doce años supone un acierto total cuando intentas reflejar el paso del tiempo. Vemos crecer a Mason, vemos cómo cambian su físico, su rostro, su voz, su corte de pelo, su forma de vestir, sus inquietudes… Lo mismo nos pasa con su hermana, Samantha (Lorelei Linklater, hija del realizador), con su padre (Ethan Hawke), con su madre (Patricia Arquette) y con el resto de personas que van conformando su entorno social y familiar. La evolución de los diferentes personajes no siempre está igual de conseguida, destacando para bien lo que sucede con el personaje de un estupendo Ethan Hawke. El joven Ellar Coltrane cumple con su rol principal, aunque su trabajo pierde fuerza (y encanto) conforme cumple años.


Lo peor de la cinta, como insinuaba líneas atrás, es su trama, demasiado simplona. Apenas ocurre nada en ciento sesenta y cinco minutos de metraje. Linklater no sabe esquivar la cotidianidad del día a día, la rutina, la monotonía vital. En su cine lo ordinario permanece tal cual, valorémolos por tanto en su justa medida.


Las diez películas más decepcionantes estrenadas en España durante 2013.


1. To the Wonder (ídem), de Terrence Malick. Estrenada el 12 de abril.


2. Sólo Dios perdona (Only God Forgives), de Nicolas Winding Refn. Estrenada el 31 de octubre.


3. Stoker (ídem), de Park Chan-wook. Estrenada el 11 de mayo.


4. Anna Karenina (ídem), de Joe Wright. Estrenada el 15 de marzo.


5. Antes del anochecer (Before Midnight), de Richard Linklater. Estrenada el 28 de junio.


6. Lincoln (ídem), de Steven Spielberg. Estrenada el 18 de enero.


7. Blue Valentine (ídem), de Derek Cianfrance. Estrenada el 22 de febrero.


8. Las brujas de Zugarramurdi, de Álex de la Iglesia. Estrenada el 27 de septiembre.


9. La vida de Adèle (La vie d'Adèle), de  Abdellatif Kechiche. Estrenada el 25 de octubre.


10. Gravity (ídem), de Alfonso Cuarón. Estrenada el 4 de octubre.

Antes del anochecer (Before Midnight, 2013) de Richard Linklater.

“Si ahora nos encontrásemos en un tren, ¿te pondrías a hablar conmigo? ¿Me pedirías que me bajara contigo?”

Desde su último encuentro, hace nueve años, Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) forman una pareja estable que ha tenido gemelas. Ahora pasan unas semanas de vacaciones junto a sus amigos en las costas del Peloponeso.


Con Before Midnight el director estadounidense Richard Linklater cierra la llamada “trilogía de Jesse y Celine” que él mismo inició en 1995 con Before Sunrise, y que continuó unos años más tarde con Before Sunset, en 2004. Tres películas, bastante sobrevaloradas a mi entender, que muestran el nacimiento, la consolidación y el desgaste de la relación de pareja que mantienen a lo largo de los años sus dos protagonistas principales.


En Antes del anochecer, Linklater parece haber tomado como punto de referencia el filme Viaggio in Italia, de Roberto Rossellini (el personaje de Celine se refiere a él en un momento determinado de la cinta), al optar también por un contexto perteneciente a la antigüedad clásica como marco geográfico en el que se ubica su drama de pareja en crisis. Los rincones turísticos de Nápoles, la isla de Capri o la antigua ciudad de Pompeya por donde pululaban George Sanders e Ingrid Bergman en la película del gran cineasta italiano, dejan paso ahora a los hermosos pueblecitos costeros de la península del Peloponeso en Grecia. La acción se desarrolla en un solo día, estructurándose en unas pocas secuencias de larga duración. Los personajes no paran de hablar, diríase que padecen algún tipo de incontinencia verbal. No existen los (necesarios) silencios, por lo que el espectador termina aturrullado ante tanto exceso de verborrea. ¿Por qué no se callan? Hay diálogos interesantes, pero la mayoría fracasan en su pretencioso intento de sentar cátedra emocional. De todos modos, resulta difícil no sentirse identificado con algunas de las reflexiones planteadas en torno a la vida, el amor, los hijos, el sexo o la convivencia en pareja.  


Ethan Hawke y Julie Delpy están espléndidos, su complicidad en la pantalla es innegable. El trabajo de ambos constituye lo más valioso de un filme que se sigue con agrado, pero en el que no ocurre nada que no hayamos visto antes en otros títulos de mayor calado. Evidentemente, Linklater no es Ingmar Bergman. Ni siquiera Woody Allen o Ettore Scola.


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