“Las
pasiones son como los vientos, que son necesarios para dar movimiento a todo,
aunque a menudo sean causa de huracanes”.
(Bernard
Le Bouvier de Fontenelle)
Isabelle
(Noomi Rapace) es una talentosa publicista que trabaja para Christine (Rachel
McAdams), su atractiva jefa. Las dos forman un equipo perfecto; sin embargo, su
amistad se ve truncada debido a la relación que ambas mantienen con el mismo
hombre (Paul Anderson), y por el hecho de que la segunda siempre se beneficie
del trabajo y las ideas de la primera.
Penúltimo
fiasco del otrora interesante Brian De Palma, quien, inspirándose en la película
francesa Crime d'amour (2010), de
Alain Corneau, realiza un descafeinado thriller ¿erótico? que más parece un telefilme autoparódico que otra cosa.
Desconozco si las intenciones iniciales del autor de Fascinación pasaban por filmar una comedia negra tipo La trama, de Alfred Hitchcock, pero la
realidad indica que eso es precisamente lo que le ha salido. De otro modo, no
podría explicarse que en Passion haya
tantos momentos ridículos que sólo invitan a la risa. Seamos claros, la
película es bastante mala.
La
cinta parte de una premisa interesante: la relación amor/odio que se establece entre
dos mujeres de apariencia y personalidad diferentes, pero que en realidad
tienen muchos más puntos en común de lo que en principio cabría esperar. Esa
dualidad rubia/morena, deudora del Vértigo de Hitchcock, mantiene el interés del espectador durante los primeros minutos
de metraje. Es entonces cuando De Palma da rienda suelta a sus gustos
fetichistas (a Christine le excita que le hagan el amor con una máscara que
reproduce sus propio rostro, la bufanda que Dirk regala a ésta y que acaba
quedándose Isabelle, la asistencia de las dos mujeres a un desfile de calzado…)
e introduce una historia de deseo lésbico que nunca llega culminar sexualmente.
El filme empieza a descalabrar con la supuesta adicción de Isabelle a
los fármacos. Una adicción que De Palma enfatiza haciendo uso de un recurso facilón,
aparatoso y poco imaginativo como el de las extrañas angulaciones de cámara con
las que refleja el desequilibrio mental que comienza a sufrir su personaje.
La
chapuza, tramposa como se verá en el desenlace, se convierte en auténtico
esperpento friki tras la mejor secuencia de todo el filme: el montaje en
paralelo en el que se muestra, mediante la división de la pantalla en dos
partes, la representación del poema sinfónico de Claude Debussy Preludio a la siesta de un fauno, y el
asesinato de Christine en su lujoso apartamento. A partir de ahí, se inicia una
investigación cómica por parte de la policía alemana que concluye de una manera
impropia y vergonzosa para un director tan renombrado.
Otra
vez será, señor De Palma, aunque visto lo visto, tal vez no.








