Mostrando entradas con la etiqueta François Ozon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta François Ozon. Mostrar todas las entradas

Una nueva amiga (Une nouvelle amie, 2014) de François Ozon.

“Siempre habíais sido lo más caro a mi corazón, mi posesión y mi obsesión; por eso tuvisteis que morir prematuramente”.
(Friedrich Nietzsche)

Afectada por la muerte de su mejor amiga, Claire (Anais Demoustier) decide hacer una visita a David (Romain Duris), el marido de ésta, que vive junto con la pequeña Lucie, su hija. Es entonces cuando Claire descubre la afición de David por travestirse.


Desde Rainer Werner Fassbinder, no recuerdo una reflexión tan compleja, original y atrevida sobre la identidad sexual (y emocional) del individuo como esta deliciosa extravagancia del cineasta galo François Ozon (Dans la maison, 2012). Lamentablemente, por lo que leo y escucho, no todos han sabido apreciarla como merece.

Une nouvelle amie se inicia con una sucesión de planos detalle de un cadáver que está siendo maquillado y vestido en el interior de un ataúd. Se trata del cuerpo sin vida de Laura (Isild Le Besco), la amiga de siempre de Claire, la protagonista, que ha muerto joven a consecuencia de una grave enfermedad. Como se irá viendo con el paso de los minutos, la decisión por parte del realizador de empezar así no es en absoluto arbitraria, puesto que los actos de maquillarse y vestirse jugarán un papel muy importante en el desarrollo de la trama. Estos diez primeros minutos de metraje, acompañados por la delicada partitura de Phillippe Rombi, son de una condensación y economía narrativas en verdad admirable. Mientras Claire lee su discurso de despedida hacia Laura en la iglesia, Ozon inserta un flashback (no será el único durante la película) en el que se nos muestra la estrecha relación que han mantenido ambas a lo largo de la vida, desde que se conocieron de niñas en la escuela, hasta que contrajeron matrimonio con sus respectivas parejas. En general, todo el filme está exquisitamente escrito (el guión es obra del propio Ozon a partir de un relato corto de la escritora británica Ruth Rendell), rodado e interpretado, destacando el magnífico trabajo de Romain Duris en su doble rol de David/Virginia.


Como ocurría en Rebeca (Rebecca, 1940), de Alfred Hitchcock, o Laura (ídem, 1944), de Otto Preminger; o incluso Vértigo (Vertigo, 1958), también de Hitchcock (la rubia y la pelirroja), la ausencia permanentemente presente de un personaje condiciona el comportamiento del resto. Aquí, el dolor por la pérdida de Laura, convertido en obsesión, provoca en los dos protagonistas la irrupción de sus deseos más profundos, hasta ese momento velados, reprimidos: el travestismo en el caso de David, y la homosexualidad en el caso de Claire. Ambos han compartido el mismo objeto de deseo: Laura. Es por esa razón que el primero intenta transformarse en ella (utiliza sus vestidos y se pone una peluca rubia similar al cabello que lucía la fallecida); y la segunda, poseerla a través del primero.

Duelo, sorpresa, incredulidad, acercamiento, comprensión, amistad, deseo, temor, ¿amor? Así podrían definirse los distintos estadios por los que atraviesa la relación entre Claire y Virginia (que no David). Ozon, que vuelve a dar muestras de sus dotes como narrador y de una elegante sencillez en la puesta en escena, enfatiza durante toda la película la dualidad identitaria de sus personajes a través del uso metafórico de los espejos (muy abundantes), el vestuario y el maquillaje.


Un trabajo notable, en definitiva. Equilibrado en su mezcla de drama y humor, complejo, audaz y sumamente entretenido.



Joven y bonita (Jeune & jolie, 2013) de François Ozon.

“Puta por un día, puta para siempre”.

Isabelle (Marine Vacth) es una hermosa joven de diecisiete años de edad, perteneciente a una familia de clase media acomodada, que, sin motivo aparente, comienza a ejercer la prostitución con hombres mayores que ella.


Tras la notable En la casa (Dans la maison, 2012), el realizador francés François Ozon regresa a la actualidad cinematográfica con Jeune & jolie, una suerte de Belle de jour en versión adolescente (Isabelle, la guapa protagonista, sólo se prostituye de día, como la Séverine de Buñuel), elegante y sofisticada, pero que carece del misterio, la mala baba y el genial surrealismo de la obra del maestro aragonés. Nos encontramos, en cualquier caso, ante un trabajo sumamente interesante, que, si bien es cierto que podría haber dado para mucho más, confirma a su autor como uno de los directores más destacados del país vecino.


La acción se desarrolla a lo largo de un año, y se estructura en cuatro episodios que se corresponden con las diferentes estaciones: verano, otoño, invierno y primavera. Durante ese tiempo, a partir de una experiencia amorosa fallida con un chico alemán en las vacaciones, asistimos al despertar sexual de Isabelle, y a su tránsito hacia la vida adulta (la escena en la que ella se ve a sí misma mientras hace en el amor en la playa, ilustra perfectamente lo que digo). Pero, ¿por qué acaba convirtiéndose en prostituta? Ozon no da respuestas. ¿Por desencanto ante la vida y las relaciones? ¿Para conseguir dinero fácil? ¿Simplemente porque es una viciosa? Como no hay respuestas, al menos evidentes, la película se beneficia de cierto carácter enigmático; aunque también se le puede reprochar falta de dimensión psicológica en la descripción de su protagonista. Lo que está claro es que la cinta pertenece a la bella Marine Vacth, todo un descubrimiento, frágil y sensual a partes iguales. Sin su presencia el filme no funcionaría.


Erigiéndose sobre una puesta en escena tan elegante como sencilla, algo que ya viene siendo norma habitual en el cine del autor de El tiempo que queda (Le temps qui reste, 2005), la narración fluye con naturalidad y eficacia, aunque su interés comience a decaer, mediado el metraje, con el fallecimiento de uno de los clientes de Isabelle mientras ambos practican el acto sexual. Desde entonces, lo que había sido un atrayente viaje iniciático, cae en manos del melodrama familiar convencional. Aún así, se trata de un ejercicio muy recomendable.


En la casa (Dans la maison, 2012) de François Ozon.

“Al escribir proyectas un mundo a tu medida”.
(Jesús Fernández Santos)

Germain (Fabrice Luchini), profesor de Lengua y Literatura en un instituto francés de secundaria, se muestra decepcionado ante el pobre nivel de sus nuevos alumnos. Sin embargo, uno de ellos, Claude (Ernst Umhauer), que se sienta al final de la clase, parece tener cierto talento a la hora de escribir. Sus redacciones, en las que siempre habla sobre la familia de uno de sus compañeros, harán que el profesor lo anime a seguir escribiendo.


El arte de contar historias ha acompañado al hombre desde la noche de los tiempos. La superficie rocosa del interior de una cueva, fue el primer lugar en el que el ser humano plasmó su necesidad de narrar. Con el devenir de la historia, estos rudimentarios dibujos de trazo tosco dieron paso a un lenguaje escrito perfectamente estructurado. A partir de entonces, la escritura fue mudando el soporte sobre el que se proyectaba: arcilla, cerámica, madera, tablillas de cera, huesos, piedra, metales, papiro, pergamino, papel. La llegada de la imprenta permitió la producción masiva de libros, hasta ese momento en manos de sólo unos pocos. De forma paralela a la evolución de la escritura, la pintura y la escultura siguieron haciendo las veces de narradores no escritos. Más tarde, con la aparición de los medios audiovisuales, entre ellos el cine, el círculo terminaría cerrándose. En la casa, último trabajo del realizador francés François Ozon, se inscribe dentro de esta tradición milenaria de contar historias. La película está basada en la pieza teatral El chico de la última fila, del dramaturgo madrileño Juan Mayorga, y supone una lúcida reflexión acerca del proceso creativo que surge del contacto del individuo con la realidad que lo rodea. Manipulando esa realidad, se logra fijar nuestra atención sobre ella. Da igual que se trate de un creador literario, cinematográfico o de cualquier otro tipo. El objetivo es siempre el mismo: mantener el interés del receptor hasta el final de la obra.


Claude es un adolescente solitario de origen humilde. Su madre lo abandonó cuando era un niño, y ahora vive junto con su padre, un minusválido al que tiene que preparar el desayuno cada mañana antes de ir al instituto. Con todo ello, es normal que se sienta fascinado por la familia de Rapha (Bastien Ughetto), un compañero de clase. Éste vive en una preciosa casa unifamiliar con jardín. Su padre, que también se llama Rapha (Denis Ménochet), es un tipo enrollado con el que juega al baloncesto y ve los partidos de los Memphis Grizzlies por televisión; su madre, Esther (Emmanuelle Seigner), una atractiva cuarentona aficionada a la decoración. Ambos lo adoran. Como se puede apreciar, los Rapha (así los llama Claude) forman una familia ideal de clase media. ¿Quién no querría pertenecer a una familia así? Para entrar en su casa, Claude se hace amigo de Rapha, a quien empieza a ayudar con las matemáticas, que no se le dan demasiado bien. Tal experiencia es relatada por Claude en una redacción, lo que llama la atención de su profesor de Lengua, un escritor frustrado que ve en su alumno a alguien con un enorme potencial. Animado por Germain, que en horas extra le enseña cómo se debe construir un buen relato literario, Claude sigue frecuentando el hogar de los Rapha, narrando en sus textos y con todo lujo de detalles lo que allí le acontece. Empero, pronto realidad y ficción comienzan a fusionarse sin que resulte fácil distinguir la una de la otra. De modo que lo que ha empezado siendo un simple juego didáctico, parece derivar hacia algo mucho más serio. Germain y su mujer Jeanne (Kristin Scott Thomas), ávidos lectores de lo que escribe el cínico Claude, serán testigos, como nosotros los espectadores, de ese peligroso tránsito. 


Los actores están fantásticos, especialmente el joven Ernst Umhauer. Sin obviar la presencia de Emmanuelle Seigner, la guapa esposa de Roman Polanski. Ozon imprime a su filme un ritmo magnífico que engancha desde los primeros minutos. La narración es fluida pese a su complejidad; y la puesta en escena destaca por su elegante sencillez. Lástima que durante el último tramo de la película decaiga un poco el interés, y que ésta no culmine de la manera brillante que el conjunto hubiese merecido. 

Dans la maison, una de las sorpresas más agradables, originales e inteligentes del cine francés de los últimos años.


Recent Posts

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...