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Las 10 mejores películas de los años 20. Lista de 2015.


1. La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d´Arc, 1928), de Carl Theodor Dreyer. Francia.




2. Amanecer (Sunrise: A Song of Two Humans, 1927), de F.W. Murnau. USA.




3. El gabinete del Dr. Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, 1920), de Robert Wiene. Alemania.




4. Nosferatu el vampiro (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922), de F.W. Murnau. Alemania.




5. La quimera del oro (The Gold Rush, 1925), de Charles Chaplin. USA.




6. El acorazado Potemkin (Bronenosets Potemkin, 1925), de Sergei M. Eisenstein. Unión Soviética.




7. El viento (The Wind, 1928), de Victor Sjöström. USA.




8. El maquinista de La General (The General, 1926), de Clyde Bruckman y Buster Keaton. USA.




9. Fausto (Faust: Eine deutsche Volkssage, 1926), de F.W. Murnau. Alemania.




10. Metrópolis (Metropolis, 1927), de Fritz Lang. Alemania.


Las diez películas más influyentes del cine de terror de todos los tiempos.

Los títulos que conforman esta lista aparecen en orden cronológico.


El gabinete del Dr. Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, 1920), de Robert Wiene.




Nosferatu el vampiro (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922), de Friedrich Wilhelm Murnau.




Drácula (Dracula, 1931), de Tod Browning.




El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931), de James Whale.




La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero.





La semilla del diablo (Rosemary´s Baby, 1968), de Roman Polanski.




El exorcista (The Exorcist, 1973), de William Friedkin.




La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, 1974), de Tobe Hooper.




La noche de Halloween (Halloween, 1978), de John Carpenter.




El resplandor (The Shining, 1980), de Stanley Kubrick.


El gabinete del Dr. Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, 1920) de Robert Wiene.

“La enfermedad, la locura y la muerte son los ángeles negros que custodiaron mi cuna y me acompañaron durante toda la vida”.
(Edvard Munch)

En una pequeña población alemana comienzan a sucederse una serie de misteriosos asesinatos coincidiendo con la llegada a la feria local del doctor Caligari (Werner Krauss) y de su sonámbulo Cesare (Conrad Veidt), el cual tiene la capacidad de predecir el futuro.


Película mítica donde las haya, Das Cabinet des Dr. Caligari, del director alemán Robert Wiene, sentó de manera plena los cimientos del expresionismo cinematográfico tanto a nivel formal (realización íntegra en estudios, antinaturalismo, decorados inclinados y retorcidos, iluminación efectista, sombras pintadas, composiciones angulosas, predominio de las líneas diagonales, personajes sobremaquillados…) como conceptual (visión subjetiva de la realidad, onirismo, plasmación de las angustias vitales del hombre, alucinaciones, locura, asesinato, muerte…), originando con su éxito (popular y crítico) uno de los movimientos artísticos más influyentes de la historia del cine. Su alargada sombra aún se proyecta sobre títulos recientes como Mulhollad Drive (Mulholland Dr., 2001), de David Lynch, o Shutter Island (ídem, 2010), de Martin Scorsese, por citar sólo un par de buenos ejemplos.


El expresionismo, un cine de monstruos, fantasmas y crímenes, surge, no por casualidad, durante la República de Weimar que se instauró en Alemania tras su derrota en la Primera Guerra Mundial. La crisis económica, unida a la humillación que para el país germano supuso el Tratado de Versalles (1919), favoreció el desarrollo de un clima colectivo de depresión crónica que invitaba a exorcizar los impulsos más oscuros y recónditos de toda una nación. El gabinete del Dr. Caligari, filme fundacional de ese movimiento, puede considerarse, además, como una obra de carácter premonitorio, al anticipar el sonambulismo ideológico que invadiría al pueblo alemán con la llegada al poder de los nazis en los años treinta. Visto con cierta perspectiva histórica, el doctor Caligari podría ser el mismísimo Hitler; y el sonámbulo Cesare, el conjunto de la “sonámbula” nación alemana que obedece sin rechistar la trastornada voluntad de su “Führer”.


Atendiendo a su (aún) sorprendente giro final, el cual dota de sentido a la vanguardista propuesta formal, la película que nos ocupa puede definirse como la alucinada fantasía de una mente desquiciada que toma elementos de su entorno cotidiano para trastocarlos a modo de pesadilla. Algo similar a lo que años después harían cineastas como Fritz Lang en La mujer del cuadro (The Woman in the Window, 1944), o David Lynch en la ya citada Mulholland Drive: pieza maestra con la que se culminaba y actualizaba el “caligarismo” ochenta años después del estreno de la inmortal película de Wiene.


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