1. Andrei Tarkovsky (1932-1986).
¿Por
qué?
Por
ser el mayor poeta visual desde la invención del cinematógrafo. Por la maestría formal y el contenido espiritual de sus obras. Por realizar algunas
de las películas más bellas y profundas de la historia del cine.
2. Béla Tarr (1955).
¿Por
qué?
Por
crear un universo propio que gravita en torno al plano
secuencia llevado hasta límites insospechados. Por el contenido político,
filosófico y existencial de sus obras. Por la atemporalidad de sus propuestas
formales.
3. Yasujiro Ozu (1903-1963).
¿Por qué?
Por
convertir lo cotidiano en extraordinario. Por reducir la forma a lo esencial.
Por crear un lenguaje único e inconfundible.
4. Carl Theodor Dreyer (1889-1968).
¿Por
qué?
Por
su misticismo y trascendencia. Por la constante depuración formal de sus obras.
Por llegar a la abstracción partiendo del ascetismo.
5. Ingmar Bergman (1918-2007).
¿Por
qué?
Porque
nadie como él ha sabido plasmar los temores del hombre ante lo incomprensible
de la existencia. Por ser el más brillante “escritor” de la historia del cine.
Por su soberbia dirección de actores.
6. Theodoros Angelopoulos (1935-2012).
¿Por
qué?
Por
su dominio absoluto del espacio-tiempo. Por unir memoria regional y memoria
universal. Por filmar la que probablemente sea la mejor película de todos los
tiempos (La mirada de Ulises).
7. Akira Kurosawa (1910-1998).
¿Por qué?
Porque quizá sea el mayor humanista de la historia del séptimo arte. Por servirse del estilo y no convertirlo en un fin. Por fusionar como nadie la cultura oriental y occidental.
8. Stanley Kubrick (1928-1999).
¿Por
qué?
Por
su obsesivo perfeccionismo técnico. Porque en casi todos los géneros hay un
clásico que lleva su firma. Porque siempre estuvo a la vanguardia tecnológica.
9. Luis Buñuel (1900-1983).
¿Por
qué?
Por
ser maestro del realismo y del surrealismo. Por su indagación en los misterios
y contradicciones de la fe católica. Por su destreza narrativa y su socarrón
sentido del humor.
10. Alfred Hitchcock (1899-1980).
¿Por
qué?
Porque
quizá ningún otro director sea autor de tantas obras maestras y porque su cine satisface tanto al gran público como a la crítica especializada. Por sus aportaciones al desarrollo del lenguaje cinematográfico durante la etapa muda. Por sus
inventivas soluciones de puesta en escena y su narrativa marcadamente visual.