“El
delito de los que nos engañan no está en el engaño, sino en que ya no nos dejan
soñar que no nos engañarán nunca”.
(Víctor
Ruiz Iriarte)
Durante
la ocupación nazi de Holanda en la Segunda Guerra Mundial, Rachel Stein (Carice
van Houten), una joven judía que ha visto cómo los alemanes asesinaban a su
familia, decide unirse a los grupos de resistencia. Su misión será la de
seducir a Ludwig Müntze (Sebastian Koch), un importante oficial nazi, con el fin
de obtener información.
Estupendo
thriller de espionaje de Paul Verhoeven,
quien tras muchos años de travesía por el desierto en territorio
estadounidense, sólo sus tres primeros trabajos allí merecen ser destacados (Los señores del acero, Robocop y Desafío total), regresaba a su país de origen, Holanda, y a la
senda del buen cine. La película que nos ocupa, de corte eminentemente clásico,
constituye un inteligente juego de máscaras en el que nada es lo que parece; y
en donde uno no puede confiar en nadie cuando es la propia vida la que está en
juego.
Verhoeven
imprime a su filme un buen ritmo narrativo que se mantiene de principio a fin,
lo cual es meritorio teniendo en cuenta lo extenso del metraje. Además, sabe dotar
de la tensión y el suspense adecuados a las escenas que así lo requieren (sirva
de ejemplo la colocación por parte de la protagonista de un micro oculto en el despacho de Franken). La reconstrucción de época resulta
magnífica, y todo el reparto raya a gran altura, en especial la guapa Carice
van Houten, una suerte de Mata Hari a la holandesa, y Waldemar Kobus, que interpreta al villano
nazi que se enriquece a costa de los judíos. Sin embargo, la película no es
redonda, ni mucho menos. En su debe cabe señalar una duración excesiva, un dibujo de personajes carente de profundidad, un uso redundante de la música y
un prólogo y epílogo que nada aportan al relato. También se le puede reprochar
al libreto, escrito al alimón entre Gerard Soeteman y el propio Verhoeven, que
los giros de la trama en su último tercio le restan verosimilitud a lo hasta
ese momento expuesto. Para que nos entendamos, cuesta creérselo.
En
cualquier caso, Zwartboek es un
trabajo tan sumamente entretenido y bien hecho que hará las delicias de los
amantes del mejor cine de espionaje con trasfondo bélico. Cien por cien
recomendable.













































