Garras humanas (The Unknown, 1927) de Tod Browning.


En un circo de gitanos de Madrid se esconde Alonzo (Lon Chaney), fugitivo de la policía, bajo la apariencia de un lanzador de cuchillos manco. Tiene un fiel amigo, un enano llamado Cojo (John George), y está enamorado de la hermosa Nanon (Joan Crawford), hija del propietario del circo, a la que también pretende Malabar el forzudo (Norman Kerry).


Garras humanas es una de las mejores películas de Browning. Se trata de una siniestra tragedia de enorme calado psicológico, en la que “el hombre de las mil caras”, apodo de Chaney, realiza una de sus interpretaciones más brillantes.

 Browning, coautor del guión junto con Waldemar Young, sitúa la historia en el ambiente circense que tan bien conocía; mostrando, una vez más, su gusto por las malformaciones físicas (el personaje de Chaney oculta sus brazos para evitar que la policía descubra que tiene dos pulgares en la mano izquierda, algo que revelaría su auténtica identidad).


La trama gravita en torno al trío amoroso formado por Alonzo, Nanon y Malabar. Al principio del filme, Nanon tiene fobia a los brazos masculinos, pues debido a su belleza, los hombres han intentado tocarla durante toda su vida. Esta especie de trauma la acerca emocionalmente a Alonzo, quien en un acto de locura romántica, no dudará en amputarse los suyos para conseguir a su amada.


Sin embargo, un cruel giro de los acontecimientos, hará que Nanon pierda ese miedo y se enamore de Malabar, cayendo en sus fornidos miembros superiores. Este cambio de actitud enloquecerá a Alonzo, que intentará vengarse de Malabar en un último número cargado de tensión y malas intenciones (la mejor secuencia de la película).

En definitiva, magnífica obra muda, de imprescindible visionado para los amantes del género fantástico-terrorífico.

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