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Las diez mejores películas sobre el diablo.

"El truco más grande que el diablo jamás hizo, fue convencer al mundo de que no existía".
(Charles Baudelaire)


1. La semilla del diablo (Rosemary´s Baby, 1968), de Roman Polanski.



2. Fausto (Faust, 1926), de F. W. Murnau.



3. Madre Juana de los Ángeles (Matka Joanna od Aniolów, 1961), de Jerzy Kawalerowicz.



4. El exorcista (The Exorcist, 1973), de William Friedkin.



5. La noche del demonio (Night of the Demon, 1957), de Jacques Tourneur.



6. La brujería a través de los tiempos (Häxan, 1922), de Benjamin Christensen.



7. The Devils (ídem, 1971), de Ken Russell.



8. Páginas del libro de Satán (Blade af Satans bog, 1920), de Carl Theodor Dreyer.



9. El día de la bestia (1995), de Álex de la Iglesia.



10. The Lords of Salem (ídem, 2012), de Rob Zombie.

Las diez películas más decepcionantes estrenadas en España durante 2013.


1. To the Wonder (ídem), de Terrence Malick. Estrenada el 12 de abril.


2. Sólo Dios perdona (Only God Forgives), de Nicolas Winding Refn. Estrenada el 31 de octubre.


3. Stoker (ídem), de Park Chan-wook. Estrenada el 11 de mayo.


4. Anna Karenina (ídem), de Joe Wright. Estrenada el 15 de marzo.


5. Antes del anochecer (Before Midnight), de Richard Linklater. Estrenada el 28 de junio.


6. Lincoln (ídem), de Steven Spielberg. Estrenada el 18 de enero.


7. Blue Valentine (ídem), de Derek Cianfrance. Estrenada el 22 de febrero.


8. Las brujas de Zugarramurdi, de Álex de la Iglesia. Estrenada el 27 de septiembre.


9. La vida de Adèle (La vie d'Adèle), de  Abdellatif Kechiche. Estrenada el 25 de octubre.


10. Gravity (ídem), de Alfonso Cuarón. Estrenada el 4 de octubre.

Las brujas de Zugarramurdi (2013) de Álex de la Iglesia.

“Lo fascinante del cine es colocar al espectador en posiciones morales en las que nunca estuvo”.
(Álex de la Iglesia)

Tras cometer un atraco en una casa de empeño de la Puerta del Sol de Madrid, José (Hugo Silva) y Tony (Mario Casas), dos parados con problemas económicos, acompañados por el hijo del primero de ellos, huyen hacia el norte perseguidos por la policía, adentrándose en los bosques de la Navarra profunda, donde todavía habitan viejas brujas sedientas de carne humana.


Viendo sus últimos trabajos, pareciera como si Álex de la Iglesia hubiese entrado ya en esa etapa de su carrera en la que sólo le importa complacerse a sí mismo. Uno puede imaginarse al director bilbaíno pasándoselo a lo grande en la filmación de sus películas, como si se tratase de un niño pequeño emocionado con sus nuevos juguetes. Esto se traduce en un cine cada más personal y, al mismo tiempo, cada vez más prisionero de la incontenible tendencia al desfase y la desmesura del autor de El día de la bestia.


Las brujas de Zugarramurdi es una irregular comedia negra que gravita en torno a la tradicional guerra de sexos en un contexto de crisis económica primero y anacrónica magia negra después. La película hace gala de un sentido del humor chabacano que, salvando las distancias, recuerda al Mariano Ozores de El liguero mágico; aunque con menor contenido erótico pese a la presencia de la exuberante Carolina Bang (ojo al uso que ésta hace de la escoba). El ritmo es bueno y algunas situaciones en las que se ven envueltos los personajes resultan bastante divertidas, lo que permite seguir su entretenido metraje con cierto interés. Al menos hasta el aquelarre final. Un tramo ruidoso, desaforado y estúpido que incluye la aparición de una de las criaturas monstruosas más ridículas que yo haya tenido la oportunidad de ver en una pantalla de cine (estén atentos los amantes de la historia del arte). De ese modo, lo que debería haber sido una celebración de lo femenino, se convierte en un mero espectáculo friki que produce vergüenza ajena. Por el camino quedan, eso sí, momentos muy conseguidos, como el de la parada en la posada y la posterior llegada a Zugarramurdi, donde el equilibrio entre comedia y terror es casi perfecto.


En el apartado interpretativo, Terele Pávez y un sorprendente Mario Casas constituyen la cara, mientras que Hugo Silva y Carolina Bang suponen la cruz. No hay quien se trague la absurda subtrama amorosa que ambos protagonizan.

Lo mejor del filme es su factura visual, con una destacada dirección de fotografía y un magnífico diseño de producción.


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