Con motivo del tercer aniversario del blog, a celebrar el próximo nueve de julio, he decidido cederos el testigo a vosotros, queridos lectores, para que elijáis las mejores películas de la historia del cine. Participar es muy sencillo, sólo tenéis que enviar un correo electrónico a ricardoesculpiendoeltiempo@yahoo.es, donde aparezca una lista con las que, a vuestro entender, son las diez mejores películas de todos los tiempos. La lista deberá ordenarse del uno al diez, correspondiéndole diez puntos al filme que ocupe el primer puesto, nueve al segundo, ocho al tercero y así sucesivamente. Con todos los votos enviados, se elaborará una macrolista que verá la luz el día del citado aniversario. Las votaciones se cerrarán el siete de julio. Por favor, no faltéis a la cita. No tenéis excusa. Cuento con todos y cada uno de vosotros.
Esculpiendo el tiempo
La criada (Hanyo, 1960) de Kim Ki-young.
“Esa
es la debilidad del hombre. Una montaña alta le reta a escalarla, un lago
profundo le incita a tirar una roca en él y una chica guapa despierta sus
instintos más primitivos”.
Un
profesor de música (Jin Kyu Kim) decide contratar a una criada (Eun-shim Lee)
para que ayude a su mujer (Jeung-nyeo Ju), embarazada, en las tareas del hogar.
Lo que en principio parece una solución, termina por ser un problema dada la
atracción que la recién llegada siente hacia su jefe.
Estimados
lectores del blog, si están pensando en contratar los servicios de una criada,
por favor, no vean esta película. De lo contrario, les aseguro que desestimarán
tal idea, a no ser que pretendan que sus vidas acaben convirtiéndose en una
auténtica pesadilla. Ni Park Chan-wook, ni Kim Ki-duk, ni Bong Joon-ho, ni Kim
Ji-woon. Kim Ki-young es el director de Hanyo,
la gran obra maestra del cine surcoreano, un enfermizo thriller cercano al terror psicológico que hubiese firmado el
mismísimo Roman Polanski. Nunca un bote de matarratas causó tanta turbación
como el que aparece en este filme, nunca unas escaleras estuvieron tan
íntimamente relacionadas con la muerte como aquí.
Kim
Ki-young estudia las pasiones más bajas del ser humano en esta intensa cinta de
marcado carácter claustrofóbico, donde arremete contra el bienestar material cuando
éste se convierte en la única meta de nuestra existencia. Su moraleja es
evidente. El matrimonio protagonista, formado por un profesor de música y una costurera,
ambos muy trabajadores, ha conseguido alcanzar un nivel de prosperidad que les
permite comprar una nueva vivienda más grande. Tienen dos hijos, una chica
lisiada de unos doce años, y un chico travieso de unos ocho. Además, están a la
espera de un tercero. Sus vidas marchan viento en pompa, hasta que, por recomendación
de una alumna, el profesor contrata a una joven para que se haga cargo de los
quehaceres cotidianos. Pronto ésta se siente atraída por él, quien en una noche
de soledad y arrebato, da rienda suelta a su deseo sexual. Este acto de
infidelidad, acarreará consecuencias terribles e insospechadas para toda la
familia.
Hanyo es una película de espacios reducidos, casi asfixiantes, los que conforman la
casa de dos plantas en la que se desarrolla buena parte de la acción, a los que
la brillante fotografía en blanco y negro de Deok-jin Kim confiere una
atmósfera opresiva deudora del expresionismo. La puesta en escena es
milimétrica y magistral. El cineasta capta con precisión quirúrgica cada plano,
cada detalle. En muchas ocasiones, filma las escenas desde la terraza exterior,
a través del cristal, como si el pudor le impidiera penetrar en la intimidad de
unos personajes abocados a la tragedia.
Es
cierto que el desenlace de la obra alivia, en parte, la tensión acumulada en el
estómago del espectador; pero no por ello éste dejará de sentir la incómoda
inquietud que le ha acompañado a lo largo del metraje.
En
el año 2010, otro director surcoreano, Im Sang-soo, realizó un remake bastante inferior donde se
acentuaba el erotismo latente en el filme original.
Los diez mejores remakes de la historia*.
Nosferatu, vampiro de la noche (Nosferatu: Phantom der Nacht, 1979), de Werner Herzog. Remake de Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922), de F.W. Murnau.
El hombre que sabía demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1956), de Alfred Hitchcock. Remake de El hombre que sabía demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1934), también de Alfred Hitchcock.
Juntos hasta la muerte (Colorado Territory, 1949), de Raoul Walsh. Remake de El último refugio (High Sierra, 1941), también de Raoul Walsh.
La cosa (The Thing, 1982), de John Carpenter. Remake de El enigma de otro mundo (The Thing from Another World, 1951), de Christian Nyby.
Deseos humanos (Human Desire, 1954), de Fritz Lang. Remake de La bestia humana (La bête humaine, 1938), de Jean Renoir.
Ha nacido una estrella (A Star is Born, 1954), de George Cukor. Remake de Ha nacido una estrella (A Star is Born, 1937), de William A. Wellman.
Con faldas y a lo loco (Some Like It Hot, 1959), de Billy Wilder. Remake de Ellas somos nosotros (Fanfaren der Liebe, 1951), de Kurt Hoffmann.
La hierba errante (Ukigusa, 1959), de Yasujiro Ozu. Remake de Historia de las hierbas errantes (Ukigusa monogatari, 1934), también de Yasujiro Ozu.
Tú y yo (An Affair to Remember, 1957), de Leo McCarey. Remake de Tú y yo (Love Affair, 1937), también de Leo McCarey.
Perversidad (Scarlet Street, 1945), de Fritz Lang. Remake de La golfa (La Chienne, 1931), de Jean Renoir.
*La lista aparece ordenada de manera aleatoria.
*La lista aparece ordenada de manera aleatoria.
Stoker (ídem, 2013) de Park Chan-wook.
“Al
igual que una flor no elige su color, no somos responsables de aquello en lo
que nos convertimos”.
El
día de su dieciocho cumpleaños, India Stoker (Mia Wasikowska), una joven poco
sociable y de espíritu taciturno, pierde a su padre en un trágico accidente de
automóvil. Poco después aparece en su vida el misterioso tío Charlie (Matthew
Goode), cuya existencia ignoraba hasta ese momento. Éste decide instalarse junto
a ella y su madre (Nicole Kidman) durante un tiempo.
Park
Chan-wook debuta en Hollywood con este irregular ejercicio de estilo en el que
el contenido queda subordinado a la forma de manera sonrojante. Defecto muy
común entre los cineastas orientales de la actualidad. Con Stoker, siniestro cuento gótico que combina el thriller
psicológico, la comedia negra y el drama familiar, el director surcoreano
reflexiona acerca de la irreprimible inclinación que algunos individuos sienten
hacia la violencia. Una psicopatía social que no tiene razón ni origen, que áun
no ha sido explicada, y que pervive en nuestra especie desde la noche de los
tiempos.
Asimismo,
la película refleja el tránsito de la adolescencia a la vida adulta, de los ingenuos
juegos púberes al despertar sexual. Su protagonista, una “nínfula” de agudísima
percepción sensorial (resulta imposible no pensar en la Lolita de Nabokov),
hallará el sendero que conduce a su verdadera naturaleza (la del escorpión) de
la mano de su seductor tío, llamado Charlie en homenaje a La sombra de una duda, de Alfred Hitchcock; aunque Matthew Goode no
tenga ni un ápice del carisma y el talento interpretativo del gran Joseph
Cotten. Su insípida composición contrasta con la de una espléndida Mia Wasikowska,
quien trabajo a trabajo va refrendando su categoría como actriz. Nicole Kidman,
por su parte, no deja de ser una mera comparsa entre tío y sobrina.
El
guión de Wentworth Miller, conocido por ser el protagonista de la serie
televisiva Prison Break, resulta
previsible e inverosímil, estúpido en su segunda mitad, algo que parece
importar poco al realizador, más preocupado por mimar la estética de cada plano
(excelente fotografía de Chung-hoon Chung) que por conferir credibilidad a lo que
está contando en un ejemplo manifiesto de onanismo visual. Además, abusa del flashback, utilizándolo mal y cuando no
toca. Sí que me gustaría resaltar, en cambio, la interesante partitura de Clint
Mansell.
Lo
dicho, una soberana tontería. Y Park Chan-wook lleva ya unas cuantas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
.jpg)











_NRFPT_33.jpg)

_NRFPT_01.jpg)





