Las diez mejores bandas sonoras de películas estrenadas en España durante 2014.

Por Antonio Miranda.

Variada mezcolanza de estilos tenemos en nuestra lista de las mejores partituras para los estrenos de este año. Merecido lo tienen todas, desde las más clásicas y sinfónicas hasta un nutrido grupo de tres arriesgados proyectos de música poco cómoda de escuchar pero, sin duda, de altísimo nivel. Un grupo de compositores ya afianzados y otros algo desconocidos. En fin, la lista que os ofrecemos y que, a nuestro juicio, se merece las mejores consideraciones y que han dejado fuera a otras, en principio, que ofrecían grandes esperanzas y resultaron bastante pobres. Aquí las tenéis:


1.  EL GRAN HOTEL BUDAPEST  (Alexandre Desplat).


La facilidad con la que el compositor francés nos hace ‘’ver’’, sentir y escuchar su música es una de las experiencias artísticas más gratas de la actualidad. Sus composiciones rebosan calidad sin objeciones y no es distinto el caso que nos ocupa. El empleo directo y claro de elementos folclóricos europeos podría llevarnos a la confusión de orientar la partitura hacia ese ámbito. Nos encontramos ante una partitura creada ‘’en negativo’’. El elemento principal es el bajo, oculto e introvertido como siempre lo es en la música. Gran opción del artista que adopta una orientación única sobre un mismo tema y, a partir de ahí, fabrica variaciones exquisitas sobre las que narrar y abordar el tema de la película. Una obra sencilla a primera vista pero que, no obstante, acoge toda la calidad que Desplat aplica a sus creaciones. Sin duda, la mejor banda sonora del año estrenada en nuestro país.



2. INTERSTELLAR (Hans Zimmer).


La habilidad con la que el compositor alemán muestra el instrumento del órgano en contadas ocasiones, las principales, y lo esconde durante toda la partitura con su continua presencia en segundas líneas es, sencillamente, asombrosa. Así plantea Zimmer su intención, trascendente y filosófica.

Nos encontramos ante una de las composiciones más serias y, sin duda con el paso del tiempo, que más se valorarán del maestro que revolucionó el cine de acción. Lejos de su conocido y repetido estilo, disfrutaremos de una filosofía musical que deleitará el oído de cualquier amante de la buena música y dará a conocer cómo se puede crear una maravillosa partitura para cine sin narrar nada de lo que ocurre en pantalla. La evocación mental de los análisis y conclusiones depende mucho de ella. La perturbada ‘’cuantización’’ del espacio existencial que provoca el escrutinio cuidadoso de la trama, apoyada en los instantes delicados y místicos de la música, hará que veamos esta película de forma muy distinta a lo predecible. Sin ninguna duda, la partitura para Interstellar ha supuesto la citada ‘’cuantización de la música clásica hacia la música cuántica’’. Disfrútala y piensa. Una de las bandas sonoras del año.



3. GODZILLA (Alexandre Desplat).


El carácter comercial y cuestionable de esta producción cinematográfica no debería ser obstáculo para el acercamiento serio y firme a una de las partituras más neuróticamente compuestas de los últimos tiempos. No te atrevas a escucharla si la relajación y el estatismo te hacen disfrutar de la vida; no dudes en no oír otra cosa si tu vitalidad interna pide lo contrario. De no ser por la relajación del artista en los fragmentos más pausados nos encontraríamos, sin ninguna duda, ante la banda sonora del año con muchísima diferencia. El carácter que Desplat imprime a la narración de su música es excelente y lo adereza, casi con obscenidad, mediante una combinación de planos musicales que pareciera nos encontráramos ante un vendaval inabarcable de arreglos, sonidos, detalles y excentricidades de un genio actual sin límite.



4.  CÓMO ENTRENAR A TU DRAGÓN  2 (John Powell).


…De cómo un trabajo comercial puede llegar a alcanzar las cotas más altas del arte. La partitura de John Powell para Cómo entrenar a tu dragón 2 está repleta de matices compositivos de altísimo nivel  que elevan a su creador hasta los grandes compositores de este año. Sin duda, Powell debería ser tenido en cuenta en proyectos de altísimo nivel, no digo comerciales (que ya los tiene), sino verdaderos intentos artísticos. Encasillándose en el mundo comercial y de animación ha demostrado que sus umbrales creativos están al alcance de muy pocos hoy día. Una obra exquisita, dinámica, narrativamente incuestionable y con una variante de sensibilidad única. Sin duda, de las composiciones del año y con un éxtasis artístico alcanzado en una escena de los más potentes en las películas de este 2014.



5. PERDIDA (Trent Reznor & Atticus Ross).


Composición muy seria y elaborada a base de sonidos tratados y orientados hacia lo electrónico. Pequeños fragmentos de sonoridades tipo ‘’Vangelis’’ y una única disposición melódica: el piano. Una partitura arriesgada y atonal cuya línea compleja y arriesgada, muy lejana a producciones comerciales, sigue el modelo de antiguos y reconocidos trabajos del autor. No recomendable para seguidores del sinfonismo y la escucha tranquila y fácil.



6. HER (Arcade Fire & Owen Pallett).


Trabajo muy estudiado, sencillo en estructuras y muy directo en intenciones. Minimalismo dulcísimo con una unidad y un equilibrio fundamentales para la historia, aspecto del cual han adolecido grandes y, en principio, favoritas producciones para estar presentes en esta lista. Lo que tiene, lo que presenta y lo que ofrece: todo en su justa medida. Sin fisuras como obra aplicada en pantalla y ligeramente por debajo en la vertiente de obra musical pura. Sin lugar a dudas, gran trabajo.



7. EL VIENTO SE LEVANTA (Joe Hisaishi).


Nos encontramos ante uno de los compositores más respetados del panorama musical para cine. Sus obras siempre cumplen y están, sin duda, a la altura de las mejores. Esta vez, el maestro japonés compone una partitura, muy meditada y seria, yéndose a vertientes que acarician su sinfonismo habitual pero sin convertirlo en único empleo de la obra. El carácter ligeramente costumbrista, mezclado con toques clásicos, nos ofrecerá una audición agradable. De las creaciones más importantes de este 2014.




8. NOÉ (Clint Mansell).


Partitura que invita a la audición paciente y detenida gracias a una mezcla poco común de conceptos e intenciones. Se hace imprescindible su escucha aislada para llegar a comprender cómo en la película juega funciones importantes que tal vez queden algo enredadas junto a los efectos sonoros (su hándicap más importante). Hemos de ‘’bucear’’ atentamente por la mayoría de los temas para sacar a flote la magnífica inclusión de elementos electrónicos compuestos con maestría por el músico, característica propia de su obra y que acuchillan lentamente el oído. Sin duda, una gran obra de uno de los mejores compositores actuales aunque, por desgracia, poco reconocido.




9. NEBRASKA (Mark Orton).


Rozando el mundo creado por Angelo Badalamenti para la película de David Lynch Una historia verdadera, Mark Orton ensambla los sonidos típicos del country para darle un toque instrumental extraordinariamente matizado mediante apariciones melódicas y bellísimas de instrumentos de viento. Gran partitura, seria y dinámica pese a su carácter tranquilo. Expresiva y embriagadora como pocas en este año. Su delicada aplicación a la historia se merece, sin duda, un puesto de honor entre las bandas sonoras de 2014.




10. ENEMY (Danny Bensi & Saunder Jurriaans).


Estudiadísima composición para oídos exigentes. El continuo minimalismo electrónico, combinado con toques angustiosos de los tonos más graves de la orquesta, hará disfrutar de la partitura únicamente a aquellos amantes de la música con sentido metafísico. Un uso muy potente de la descripción para imágenes y, en definitiva, una obra que presenta una personalidad firmemente perfilada y que, por moverse en dimensiones tan complejas, resulta fácilmente desechable. Esta debería ser la primera razón para acudir a ella. Gran obra.



GUÍA del CINE. Carlos Aguilar. 5.ª ed. corregida y aumentada. CÁTEDRA.


La editorial Cátedra, dentro de su colección Signo e Imagen, ha publicado recientemente la quinta edición, corregida y aumentada, de la monumental Guía del cine de Carlos Aguilar. Cabe recordar que esta obra fue publicada por vez primera allá por el lejano 1985. Desde entonces, las sucesivas ediciones de la misma han ido actualizando su contenido con el fin de resultar más completas. Se trata de un diccionario de películas de todos los tiempos ordenadas alfabéticamente. En cada uno de los títulos se incluye una ficha artística, una ficha técnica y un breve comentario por parte del crítico. Además, contiene dos índices: uno de directores y otro de títulos originales que facilitan su manejo. Pese a la irrupción de internet, donde el usuario puede acceder a casi cualquier tipo de información referida a cualquier filme, no deja de ser interesante tener a mano esta Guía del cine para realizar determinadas consultas sin necesidad de conectarse a ningún aparato electrónico. Otra cosa es que luego el lector cinéfilo coincida con la opinión vertida en las líneas por el autor, conocido por la inquina con la que apalea a determinadas películas y realizadores (de manera totalmente arbitraria en muchas ocasiones). A continuación, os dejo unos ejemplos para que así os hagáis cierta idea acerca de sus filias (Ford, Hitchcock, Wylder, Wenders, Eastwood…) y fobias (Huston, Kubrick, Coppola, Malick, Scorsese…) en materia cinematográfica:

Sobre Blue Jasmine, de Woody Allen: “Mediante su película previa, A Roma con amor, y ésta, el anciano Allen remonta su decadencia. Es más, Blue Jasmine supone una de sus mejores obras, en su magistral aleación de comedia de enredo y drama moral, donde brilla la perspectiva, crítica y respetuosa a la par, sobre los personajes, objetivamente despreciables, dentro de una espléndida estructura acronológica que el autor domina en todo momento, partiendo de un guión impecable y manejando admirablemente el reparto… Obra maestra, que resalta con brillo cegador en el cine americano coetáneo”.

Sobre El árbol de la vida, de Terrence Malick: “Insufrible engendro místico-ecologista, cuyo cargante y pueril trascendentalismo  se manifiesta mediante pomposas imágenes esteticistas, partiendo de una trama repleta de clichés. Un bodrio, propio de un cineasta que ha decepcionado la esperanza que despertó su debut”.

Sobre Eyes Wide Shut, de Stanley Kubrick: “Adaptación del Relato soñado de Arthur Schnitzler, donde la acción se desplaza de la Viena de los años 20 a la élite neoyorquina del momento. Las posibilidades cinematográficas del original, acerca del sentido y el valor de las fantasías eróticas y la paranoia sexual, naufragan en un relato aburrido y autocomplaciente, a la postre banal y hasta moralista, para colmo de males mal interpretado por Tom Cruise. Un dechado de gratuita fatuidad artística, típico del muy sobrevalorado Stanley Kubrick”.

Sobre The Master, de Paul Thomas Anderson: “Un dúo estelar insoportable (Joaquin Phoenix, en su imitación del Marlon Brando juvenil, y Philip Seymour Hoffman, del Orson Welles otoñal) protagonizando un trama más o menos alegórica, e interminable, sobre una secta de autoayuda que en ciertos aspectos recuerda a la Cienciología, dentro del irritante y tedioso narcisismo estilístico en que degeneró el autor tras sus prometedoras primeras películas”.

Camino de la cruz (Kreuzweg, 2014) de Dietrich Brüggemann.

“El mártir espera la muerte; el fanático corre a buscarla”.
(Denis Diderot)

Maria (Lea van Acken) es una adolescente que lleva hasta límites insospechados sus creencias religiosas.


Terrorífico filme que explora con extrema sobriedad los peligros del fanatismo religioso a través de una chica de catorce años perteneciente a la hermandad ultracatólica de San Pío X. La película se alzó con el Oso de Plata al Mejor guión durante el pasado Festival de Berlín. Más recientemente, también obtuvo la Espiga de Plata, el Premio FIPRESCI y el Premio del Jurado Joven en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).


Kreuzweg se estructura en catorce capítulos que se corresponden con las catorce estaciones del vía crucis (las diferentes etapas del camino realizado por Jesús desde que fue prendido hasta que fue crucificado y sepultado):

Primera Estación: Jesús es condenado a muerte.
Segunda Estación: Jesús carga con la cruz.
Tercera Estación: Jesús cae por primera vez.
Cuarta Estación: Jesús encuentra a su madre.
Quinta Estación: Jesús es ayudado por el cirineo.
Sexta Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús.
Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez.
Octava Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
Novena Estación: Jesús cae por tercera vez.
Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
Undécima Estación: Jesús es clavado en la cruz.
Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz.
Decimotercera Estación: Jesús es bajado de la cruz y puesto en los brazos de su madre.
Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.


A lo largo del metraje, de unos ciento siete minutos, Dietrich Brüggemann, coautor del guión junto a su hermana Anna, va estableciendo paralelismos entre su sufrida protagonista y la figura de Jesucristo. Cada uno de los diferentes episodios está filmado en un único plano secuencia (completamente fijo en once de los catorce casos), con una primacía absoluta del encuadre sobre el resto de elementos de la puesta en escena. Ese rigor estilístico, que en principio pudiera parecer arbitrario, no es otra cosa que la extrapolación formal del rigor con el que la joven (magnífica interpretación de Lea van Acken, todo un descubrimiento), sometida a la autoritaria voluntad de su madre (Franziska Weisz), aplica sus creencias religiosas a su vida cotidiana. El resultado, como ustedes ya pueden imaginar, será estremecedor.

Camino de la cruz, uno de los mejores y más controvertidos trabajos cinematográficos de este 2014. 


Soundtracks: Cadena perpetua (1994) de Thomas Newman.

Por Antonio Miranda.


Los detalles compositivos que encontramos en la partitura de Cadena perpetua son majestuosos. Una de las creaciones musicales para cine más grandes de la historia. Un inicio soberbio que difícilmente será captado por cualquier espectador que, enfrascado en la parte introductoria, atienda a lo que se narra. Efectivamente, lo que se cuenta (la voz en off del preso Red) y, con anterioridad, el discurso del fiscal durante el juicio, son los elementos fundamentales del preludio que comentamos. Y aquí, atónitos, presenciamos la grandeza de un compositor ya entre los grandes. Thomas Newman actúa en los dos momentos iniciales de mayor trascendencia. Primero, al situarnos en el suceso causa del litigio: Newman es capaz de apoyar la imagen con tanta sutileza que su delicadísima composición llega a ser narración en sí de lo que ocurre. Algo muy difícil de ver hoy día en las partituras para la gran pantalla (y que es la línea a seguir en el resto del filme), cómo el compositor se sitúa en el fondo de lo que acontece pero, inconscientemente para el espectador, llega a tener en su mano y sus notas el guión de la situación. Segundo, al presentársenos el ambiente carcelario: la música inicia su presencia en primer plano. El tema principal suena, poderoso y tiernamente intrigante. Nos encontramos ante una obra en la que la sección de graves de la orquesta va a adquirir una importancia como nunca antes. La aparición, manejo y arreglos que se le atribuye son inteligentísimos y, parte de ello, se nos muestra en este inicio del filme. Hay un detalle formidable; el nuevo preso viaja en autobús, llegando a la cárcel. La voz en off cuenta cómo ocurre. Suena el compositor, pero los graves no (gran detalle ya que si esta sección orquestal lo hiciera, la sensación que provoca la voz cambiaría radicalmente, al igual que la imagen que se quiere matizar al terminar lo que se cuenta). Lo hacen, de nuevo, cuando la escena carece de narración y se juntan los presos para presenciar la llegada. La partitura nos lleva donde el artista pretende. No hay duda. Y será la tónica durante la mayor parte del discurso: reflexiones de Red como voz superpuesta, apoyadas por la música de Newman y concluidas con un cambio a otras notas, melodías o temas iniciados y potenciados con la aparición de los graves.


Podríamos quedarnos con las partes narradas de Red y comprenderíamos la historia. El guión se resume en unas breves líneas y varios sentimientos intensos. Si eliminamos la voz en off y nos quedamos con imagen y música, igualmente trascendería el significado. De ahí la muestra de la gran labor de guión que ejerce Thomas Newman en Cadena perpetua. El dominio que muestra controlando tempos y ritmos en sus estructuras musicales es elegantísimo. El matiz sutil y delicado de toda la composición es igualmente respetado en cualquier situación narrada o apoyada, incluso incrementando la calidad compositiva si cabe cuanto más compleja se presume la secuencia.

Unen a la película contrastes visibles, pero siempre bien enfrentados y estudiados. Violencia y meditación, muerte y vida, creencia y realidad, esperanza y pesimismo. No obstante, la partitura se decanta siempre hacia las vertientes más tranquilas y metafísicas, objetivo e intención final del metraje como tal. La imagen encierra a los protagonistas; la música los libera y es un absoluto cuadro descriptivo de las miradas, expresiones y pensamientos de estos hombres que, sometidos por todo, se esperanzan en algo, que no es poco en el estado en el que viven. Las melodías se mantienen y parecen flotar durante todo el argumento, algo así como anunciando la única realidad, que no es la que viven, que es la que viene…


En la mitad de la historia presenciamos un suceso aparentemente normal. Se trata del viejo Brooks, un anciano al que conceden la libertad. Vayamos a nuestro ámbito, el musical. Nada cambia, estructura y atmósfera no varían aún reflejando la vuelta a la vida, a la libertad. Entonces hemos de preguntarnos: ¿es Cadena perpetua una llamada a la vida, o a la muerte? Expliquémoslo: hasta el momento podríamos entender la postura de Newman como el llamamiento a la esperanza, a la ilusión por terminar en la prisión y volver a vivir la libertad. No es así. Ahora presenciamos cómo uno de los presos es libre, y nada cambia. Lo refleja el mismo anciano, nada satisfecho por su nueva vida. Las notas suenan algo perezosas, pero no menos que antes (parémonos en el detalle que usa el artista para reflejar el final del viejo, su muerte: suenan los graves de la orquesta, poderosos, en relación a su importancia comentada anteriormente). La partitura es una auténtica apelación a la miseria vital, a la mismísima muerte. Ella es la libertad (a la que tanta gente asocia, en la película, con la salida de la cárcel). No, no es así. El compositor nos conduce tranquilo, como la vida lo hace también con lentitud, a la muerte. Justamente esta es la estructura compositiva de la obra, pausada y lenta (el devenir vital) que culminará, al final del metraje, con una conclusión que sube su tono hasta alcanzar auténticos momentos de belleza musical (la muerte).

El final del filme es, musicalmente, sublime. A partir de la liberación de Red, tras la revelación de los últimos sucesos, en los que la partitura enciende ligeramente el botón de la acción, los acontecimientos evolucionan de forma brillantísima. Nos encontramos ante el final más hermoso, hablando desde el ámbito de la música de cine, de la historia del séptimo arte. Sencillamente de una estructura tan arrolladoramente romántica que la idea de filosofía musical o del sentimiento es, ciertamente, escasa para definirlo. El mantenimiento descriptivo de las secuencias desde la salida de la cárcel hasta la lectura de la carta... Y, a partir de aquí, de  forma directa y violentamente delicada, el compositor elabora una serie de melodías finales, incluidos los créditos, que nadie, amante del cine, debiera desconocer. Thomas Newman narra el encuentro final y las sensaciones últimas con una capacidad de genio indudable: la apoteosis musical más grande que un servidor haya escuchado jamás. Obra maestra.

Thomas Newman.

En conclusión, nos encontramos ante, con seguridad, una de las composiciones para cine más grandes de todos los tiempos. Una partitura solemne, delicada y tristísima que alcanza las cotas más altas en la historia del arte y que no debería faltar en el conocimiento de ningún amante de la cultura.  Imprescindible.



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