El expreso de Shanghai (Shanghai Express, 1932) de Josef von Sternberg.


“El estilo es el ropaje del pensamiento; y un pensamiento bien vestido, como un hombre bien vestido, se presenta mejor”. (Conde de Chesterfield)

A pesar del conflicto civil que asola China, el expreso de Shanghai sigue funcionando como de costumbre. Shanghai Lily (Marlene Dietrich), conocida mujer de vida disipada, se sube a él ignorando que allí se reencontrará con el Capitán Harvey (Clive Brook), un antiguo amante al que abandonó tiempo atrás. El señor Chang (Warner Oland), líder revolucionario que también viaja en el tren, impedirá que el trayecto se desarrolle con la normalidad deseada.


Otro fascinante ejercicio de estilo cinematográfico a cargo de Josef von Sternberg, cuya cámara se posa nuevamente sobre el magnético rostro de la Dietrich, con el fin de arrebatarle un puñado de primeros planos de sublime belleza. Nunca un cineasta filmó con tanta devoción a su actriz principal. Es por ello que las películas del dúo Sternberg-Dietrich, aun con su artificialidad y tono liviano, siguen conservando su capacidad para cautivar a cinéfilos de todo el mundo.

Shanghai Express fue rodada de manera íntegra en estudios, lo que permitió al autor de El ángel azul tener un control total de la puesta en escena. Ésta vuelve a inscribirse dentro del expresionismo formal, generando soluciones estilísticas típicamente sternbergianas en una barroca y opresiva atmósfera. La primera parte del filme transcurre entre compartimentos y pasillos, sentando las bases narrativas de las que posteriormente tomarían nota multitud de obras en las que la acción también se desarrolla en el interior de un tren, empezando por Alarma en el expreso (The Lady Vanishes, 1938) de Alfred Hitchcock.


 La película se inicia en una atestada estación de Shanghai magníficamente recreada para la ocasión. La cámara de Sternberg se desliza con habilidad a través de un sinfín de viajeros y comerciantes que pululan por la zona. Durante estos primeros minutos de metraje, el director va presentando a todos los personajes que intervendrán, en mayor o menor medida, a lo largo de la trama. Una vez embarcados, el interés de la cinta se centra en las relaciones que se establecen entre ellos: individuos de distintos caracteres, nacionalidades y categorías sociales. Esta fórmula argumental recuerda al relato Bola de sebo de Guy de Maupassant, que, bajo los parámetros del western, sería libremente adaptado unos años después por John Ford en La diligencia. El contexto donde se ubica el filme, bélico al igual que el de la citada obra literaria, importa poco al cineasta vienés, a quien sólo le interesa la reconciliación amorosa entre Shanghai Lily y el Capitán Harvey. Miento. En realidad lo único que le interesaba era filmar a su musa. Y cómo lo hacía.


Concluyo. Si aún son ustedes profanos en la filmografía sternbergiana, El expreso de Shanghai es una buena oportunidad para adentrarse en ella. No lo lamentarán.


4 comentarios:

  1. Wow... mas allá de la estupenda critica de esta película (a la que por cierto yo le daría las 5 estrellas) me encanto el nuevo diseño de tu blog, quedo genial. Enhorabuena.
    Saludos.

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    1. Hola, Dan Chaplin:
      Me agrada mucho ese entusiasmo que muestras para con el nuevo diseño del blog. La verdad es que yo también creo que ha quedado bastante bien :)

      Un saludo.

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  2. Una de las grandes Divas, en el sentido literal de la palabra, que dió el cine, y de esta cuestión debemos adjudicarle todo el mérito a su pigmalión Sternberg.
    El la enseñó a maquillarse, la envolvió con atuendos sofisticados, y la convirtió en una diosa.
    El expreso de Shanghai, es prueba de ello; Marlene aparece en toda su esencia, bella, exquisita, tanto que casi ni le hacía falta saber actuar, a eso, a actuar, aprendió más tarde.Yo escribí sobre su relación en mi blog, y a medida que lo iba haciendo cada vez me fascinaba más esta pareja.Un saludo. Por cierto la fotografía de cabecera es preciosa.

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    1. Hola, SqSmaravillosa:
      Una diva con mayúsculas, como bien dices. Apuntas la clave del éxito de la Dietrich: su relación con Josef von Sternberg, de quien también fue amante. El director vienés moldeó a la actriz alemana hasta conformar lo que hoy conocemos de ella. Creo que el uno sin la otra, y la otra sin el uno, no habrían sido los mismos.
      La fotografía de cabecera pertenece a otra película del dúo Sternberg-Dietrich: "Marruecos".

      Un saludo y gracias.

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