Soundtracks: Enemigo a las puertas (2001) de James Horner.

Por Antonio Miranda.


Cualquier aficionado al cine, antes de comenzar esta aventura, tiene frente así la posibilidad de prestar aguda atención a lo que es el ejemplo indiscutible de narración musical. James Horner despliega en la partitura de ‘’Enemigo a las puertas’’ unos quince primeros minutos, continuados y sin pausa, tan exquisitos como ricos en detalles, recursos y dominio de tiempo  y situación. Desde la sincronización temporal, fijada en explosiones o acciones (como el intento del protagonista por coger un fusil), hasta el empleo de instrumentos y voces asociadas, fundamentalmente, a la desgracia como concepto, el artista tiene toda la confianza del director que, astutamente, deposita en él un elemento crucial para el atrevido inicio que ha compuesto. Magnífico trabajo de un Horner narrativamente pletórico.


Jean-Jacques Annaud, director francés con el que nuestro artista colaboró para dar vida (entre otras) a la excelente partitura de ‘’El nombre de la rosa’’, nos presenta ahora esta producción bélica de gran presupuesto, cuidada y de visión dramática intensa. Ambos nos han inyectado vertiginosamente la historia desde el primer segundo; ahora, a continuación, silencio. A los pocos minutos, un detalle que al amante de la música de cine enfervoriza absolutamente: Vasili Záitsev (ya adulto, en mitad de la contienda) apunta a un alemán, tal cual hizo de niño, al inicio de la película, con un lobo. La secuencia es ‘’la misma’’ y la música, cómo no, también. Es un detalle con el que el músico nos devuelve al inicio de la historia, cuando el sentimentalismo conseguido por la dupla director-compositor fue elevadísimo. Algo nos quieren decir: la guerra existe, mas la historia personal del joven, también. A continuación, la narración que el compositor hace de los cinco disparos (coincidiendo explosión, disparo y partitura) es sencilla, directa y ejemplar. La cantidad de detalles músico-narrativos que contiene este primer cuarto, como vemos, es asombrosa y una invitación casi lasciva para estudiar el filme desde la música.

La parte central de la aventura transcurre con una calidad notable y el compositor se acomoda en un apoyo sutil que rodea de tensión la lucha, cuerpo a cuerpo, entre Vasili y el mayor König, un francotirador alemán enviado para acabar con la vida del joven. Horner abandona los coros iniciales (la muchedumbre civil ya no es la protagonista) y la orquestación grandilocuente (las batallas masivas han terminado). No podría ser de otra forma y el artista se tensiona, como los dos soldados, pero desde la tranquilidad que también ellos deben tener en cada enfrentamiento. Ninguna exageración; vacío de sensación fuerte. Se inicia el grupo central de acontecimientos y el músico los empuja con dos minutos magníficos. Todo buen seguidor del cine tendría que sentir inquietud por, al menos, conocerlos; cualquier principiante en composición cinematográfica debería estudiarlos. Horner traslada la tensión dramática hacia el sentimentalismo, nunca hacia el horror de la guerra. Versiona el tema principal, incluso unos segundos, los iniciales, nos los presenta únicamente con la base de cuerdas de ese tema, sin los instrumentos solistas, y por último introduce unas notas de inquietud (que recuerdan gratamente a su ‘’Aliens’’) que nos llevan directamente a la lucha dual.


Esta parte principal de la obra mantiene encomiablemente el necesario equilibrio descriptivo del enfrentamiento de los francotiradores y, al tiempo, nos transmite con ánimo un paso adelante del compositor, refiriéndose a la historia de amor. Así llega al final y en él se adentra espectacularmente mediante un enlace ejemplar, iniciado con la pieza más bella del tema de amor y el éxtasis guerrero final, todo sutilmente, sin ninguna parafernalia que pudiera estropear el paso del romanticismo al horror. Y este paso, sin duda, se produce: quietud, tranquilidad e inteligencia. No es fácil. Ya en el desenlace (dividido inteligentemente en dos partes y dejando la lucha dual de los dos hombres para el final), los coros vuelven, reflejo de la muchedumbre que escapa. Horner dibuja la conclusión. Llega a ella con un nivel narrativo y dramático altísimo y su tema principal, pausadamente violento, eleva la conclusión a un nivel sentimental que sólo la música puede conseguir.

Concluyendo, una obra notable del recientemente fallecido compositor americano que, sin ser de las mejores, sí engloba todas las virtudes, indudables, del genial artista.


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