Soundtracks: El dilema (1999) de Lisa Gerrard & Pieter Bourke.

Por Antonio Miranda.


Existen casos en la historia del arte que comulgan pacientemente con el anonimato y, al tiempo, la exquisitez. Es el caso que nos ocupa, una dupla magnífica de músicos que ya han colaborado en varias obras, también fuera del cine, y que garantizan calidad sin duda ninguna. Lisa Gerrard se ha convertido en una obligación para el amante del estudio meditado de cualquier creación y ahora nos ejemplifica otro argumento con sencillez pasmosa.

The insider inicia su andadura apartada de lo que será el resto de la obra. Luego derivará en el asunto principal del argumento. La partitura acompaña, de forma astuta y paralela, la presentación, indicando sutilmente un aire étnico cuando es necesario pero sin el error de superar los matices comedidos como para que pensemos en una situación de esta índole regional. A partir de aquí: instrumentación sintetizada de motivos largos, extensos y situados en relación a la voz inigualable de Lisa Gerrard. La música acompaña y describe sin otra función que la tensión e intriga inicial. Una tarea simple y directa pero que los autores nos ofrecen con elegancia y pausa.


Apenas faltando unos minutos para cumplirse la mitad de la historia, Gerrard y Bourke ofrecen un directo efecto modulador en los graves sintetizados al tiempo que el científico protagonista teme ser perseguido en la noche, en su residencia, que demuestra su inyección de maestría sin alardes y cómo, con algo tan sencillo (pero difícil de concebir y practicar), pueden dar ellos mismos un giro a la secuencia y a la propia película. La modulación es la variación en la posición del científico, que decide ya confiar al periodista sus temores y conocimientos escondidos.

La modulación comentada ha supuesto un inteligente paso al frente. El empujón súbito da lugar al nacimiento del tema principal del filme (sin voz), de momento con fuerza pero contenido. Nos encontramos ante una situación emocionante para cualquier seguidor de Lisa Gerrard. Descubrimos, inmersas en la trama, las notas de uno de los motivos musicales más grandiosos jamás compuestos en la historia. Sus esbozos emocionan, como lo hacen al espectador ignorante de tal circunstancia pero que, pronto a llegar, será golpeado sentimentalmente como pocas veces lo fue.

Lisa Gerrard.

La esposa de Jeffrey Wigand, el científico, es la proyección humana del inicio del tema principal, el desasosiego y el trauma humano de toda esta situación. En ella nace y con ella se desarrollará hasta alcanzar su plenitud en el instante en el que su marido declara oficialmente. Esto supone un momento importante en su vida, en el argumento. El dramatismo de la composición y la voz de Gerrard son insuperables y, lamentablemente, entorpecidos por la mala decisión del montaje final en el que el tema se inserta ya comenzado, algo así como pegado cuando ya sus notas desarrollaban el contenido. Una pena y algo incomprensible en la decisión, supuestamente profesional, de un realizador (en este caso, Michael Mann). A los pocos minutos brota de nuevo, tal vez mejor ajustada. No obstante, importante error al concebir tan inigualable tema para la imagen y, en este caso, no al revés y ser capaz de adaptarse él a lo compuesto por la artista, que mejoraría el conjunto habiendo usado la versión instrumental para los instantes ahora mencionados.

La trama avanza encontrándonos el tema principal reflejo de la tragedia personal de Wigand y varios motivos compuestos por Graeme Revell (acertados, pero visiblemente apartados del estilo Gerrard) y otro por Gustavo Santaolalla (prescindible, sin duda). La parte final resulta el crecimiento último tanto en composición como, definitivamente y por fortuna, en montaje. El aprovechamiento de las tres últimas composiciones, a modo de canción y siempre descriptivas, es importante. Entre ellas se encuentra Sacrifice, el tema principal (cantado ahora por Lisa Gerrard) antes mencionado y que, finalmente, es usado sin cortes ni rarezas. Una auténtica delicia que llega incluso, por su belleza innata, a superar radicalmente a la imagen, pocas veces visto en la historia del cine.


Concluyendo, un trabajo magnífico de los dos artistas que queda enmarañado por la presencia de los otros dos comentados y, más aún, por la desafortunada toma de decisiones en cuanto a montaje final del director. Mencionar, sin duda, el nacimiento en esta obra de, como he dicho antes, una de las más grandes composiciones de la historia de la música moderna. 


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